Homo sociologicus

Revolviendo entre los libros de la biblioulises damos con esta edición de Homo sociologicus de Ralph Dahrendorf, editado por el Instituto de Estudios Políticos de Madrid en 1973. «Un ensayo sobre la historia, significado y crítica de la categoría del rol social», una aportación a las teorías sobre el individuo y la sociedad… ¿És real la sociedad? ¿O la sociedad no es más que una suma de individuos?. Por ahí van los tiros.

Pero lo que ha venido a la memoria tras el encuentro con este libro es la historia de la que en su día fue Escuela superior de sociología y estudios políticos de Barcelona (o algo así). Hoy en día los edificios que ocupó hasta mediados de los 70 del pasado siglo dan uso a departamentos de la administración pública, junto a la Escuela del trabajo en la calle Urgell de Barcelona. Hacia 1976 se incorporaron los estudios de sociología en la universidad y se daba fin a la mencionada escuela (que perteneció a la Diputació de Barcelona). Pero eran tiempos curiosos y el alumnado en su mayoría reivindicó la permanencia de la escuela y de alguna manera comenzó la ocupación y reorganización de aquella institución.

Asambleas interminables, ocupación de los despachos para nuevos usos. Debates sobre cómo se quería la enseñanza de la sociología, qué asignaturas… Eliminación de exámenes, elección de los profesores, horarios, mantenimiento… Aunque en la memoria se desdibuja toda aquella movida (parece que no hay rastros ni en internet) aquello duró un par o tres de cursos. La experiencia era estimulante, redirigir hacia los propios alumnos la responsabilidad de todo, sin director, juntas, pruebas de acceso.. la idea era convertir la escuela y el estudio de la sociología al servicio del conocimiento más que a intereses… 

Así que se proponían profesores y se les invitaba, unos aceptaron y otros tal vez por falta de tiempo no lo hicieron. Las clases se transformaron en reuniones pactadas y tiempo consensuado, todo muy informal con aroma de marihuana. Un trato sincero entre alumnos y profesores decididos a destilar del enfoque sociológico algo más que saber cómo manejar a consumidores o medir intereses de grupos sociales, empresariales… Lo dijo un profe en una clase, algo así: «No espereis encontrar trabajo como sociólogos más que para ayudar a vender dentríficos o para dar clases». Risas. Había probablemente un sentimiento entre todos aquellos jóvenes de que aquello se acabó, con ellos comenzaba una hornada de sociólogos entregados a cambiar el mundo…

El llamado trabajo de campo se convirtió en lo más. Se autoorganizaron grupos y equipos por afinidad entre los miembros que salían a la calle para aprender y tal vez poder aportar algo que mejorase la vida de las personas… Las preferéncias de estudio, digamos, fueron todos aquellos ámbitos que se ubican en los márgenes de nuestra sociedad, o la de entonces, o quizás de siempre. Consumidores de drogas, prostitutas, personas ilegales, delincuentes, presos… Actualmente todo esto se ha como normalizado pero siempre desde la administración, funcionarios, intereses diversos… Aquella movida era para ver, escuchar, observar y tal vez actuar.

Fantástico hasta que vía policial se acabó con todo aquello. Encierros, enfrentamientos con los grises… Se acababan los setenta y, poca broma, llegaba la modernidad…

X. V.

Publicado en Cannabis Magazine, diciembre 2019

Acerca de Revista Ulises

Revista de viajes interores. Aproximaciones a la expansión de la conciencia.
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