La chica de la montaña

La última década del siglo xx se vió poblada en nuestros lares ibéricos por diversos fanzines con aires psicodélicos. El fanzine La chica de la montaña adoptó el nombre que Tom Wolfe otorgó a Carolyn Elizabeth (1946), el personaje real Mountain Girl de su libro Ácido de gaseosa eléctrica… De entre todos Los alegres pillastres cuyas aventuras relata Tom Wolfe, probablemente La chica de la montaña resulta uno de los más entrañables.

O sea que ya de entrada el fanzine se presentaba con un guiño al pasado lisérgico reciente de aquellos años 90. El número 0 apareció en 1995 y se publicaron hasta cuatro números, creo recordar. Las ediciones son al más puro estilo corta y pega de imágenes, y textos mecanografiados. El resultado, fotocopias formato DIN A-4 con ocupación total de la página. Con unas 75 páginas cada número y contenidos como: Amanita, Kerouak, Quick Silver & The Messenger Service, LSD & Música, Entrevista con Antonio Escohotado, Smash, Marijuana y medicina, Rigoberta menchu, Píldora X, Nudismo… en el número 1. En el 3: Psilocybe, Burroughs, Marijuana, Música Dispersa, Peyote, Alester Crowley, San Pedro, King Crimson, Psiconautes…

Coincidiendo que en el mes de julio la banda King Crimson actuó en Barcelona por dos días, rescato lo que un tal David escribió en La chica de la montaña 3 sobre la banda de Robert Fripp:

«King Crimson… un rey. Esto es lo que fué este grupo en los turbulentos años de su existencia, turbulentos porque jamás un grupo tan gigantesco se vió sacudido por los cambios y las alteraciones que en él se sucedieron ininterrumpidamente. La música y la sonoridad de King Crimson fueron probablemente el mayor hallazgo de 1969 y su continuidad en los años 70, a pesar de los cambios de personal, una extensa colección de sinfonías de gran valor y gran belleza. En total hasta 1972, cinco fueron los albumes magistrales, decisivos, que King Crimson grabó bajo la batuta de su lider e impulsor Robert Fripp. Con ellos King Crimson convirtió su nombre en leyenda y su música fue algo así como la puerta que abrió un nuevo infinito sonoro.

Habría de tomarse el lirismo de los Moody Blues, la profundidad de Pink Floyd, la suavidad de Fairport Convention en su primera época, la sutileza vocal de Cat Stevens, los términos perfección, espontaneidad, investigación, brillantez y virtuosismo, mezclarlo todo primero con fuerza y despues con exquisita delicadeza y por último ponerlo a fuego en el crisol de la música para definir algo la música de King Crimson… pero así era Fripp, artífice de todo, usó las raices clásicas del sonido, las fuentes más primitivas para crear sus obras. Su música fue extremecedora, proyectando al auditorio a esferas desconocidas, dando sensaciones y emociones asombrosas, y todo ello sin dejar la sencillez y la naturalidad en unas melodías perfectas.».

Música, drogas, poesía, informaciones… una joya en su momento ya que la divulgación de la cultura psiquedélica en lengua española era muy escasa. Y toda esa inmensa labor, aún compartida, la desarrolló alguien que firmaba como Jorge. Un sincero saludo ulisiano para él, ande por donde ande.

X. V.

Acerca de Revista Ulises

Revista de viajes interores. Aproximaciones a la expansión de la conciencia.
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Una respuesta a La chica de la montaña

  1. psikeuso dijo:

    Jorge, si lees esto, estés donde esté, da señales de vida, porfa!

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