La música del diablo

En la década de los años sesenta del siglo pasado muchas casas discográficas tenían una figura conocida como “ojeador” que enviaban al sur de los Estados Unidos en busca de antiguos bluesman que todavía estuvieran vivos (algo que refleja Robert Crumb en una magnífica historieta). Era curioso porque, anteriormente a esta época, el blues era una música denostada, conocida como música del diablo, solo consumida por negros. De hecho se hicieron campañas como la famosa Don’t buy these negro records (No compréis estos discos de negratas).

En una época anterior John H. Hammond había descubierto al genial Robert Johnson, al que le grabaría en una habitación barata de un motel sus treinta y seis bluses, una insuperable obra maestra. John H. Hammond, un hombre de gusto, descubriría también posteriormente a Bob Dylan.

El auge del blues de los años sesenta fue propiciado paradójicamente por músicos ingleses como los Rolling Stones, Cream o John Mayall (entre otros). Cuenta Eric Clapton que en su juventud un día puso un par de bocadillos en una mochila y se dirigió a Londres para ver actuar a los legendarios reyes del blues eléctrico Muddy Waters y Howlin’ Wolf. Durmió en un banco de la estación Victoria, pues solo tenía dinero para la entrada. Cuando vio salir al escenario a sus héroes musicales, vestidos con trajes de seda, con una imagen entre el gánster y el chamán, arrancando con Hoochie Coochie Man, se le soltaron las lagrimas de emoción. Lo que casi me ocurrió a mi cuando era adolescente y leí en el Melody Maker una carta del mítico bluesman Skip James agradeciendo haber podido pagar las facturas del hospital gracias a los royalties de I’am so glad, versioneada por los Cream.

Los Rolling Stones, cuando giraron por primera vez en USA, acudieron a la mítica casa Chess, dirigida por dos hermanos polacos, que editó el mejor blues eléctrico de la época. Al llegar vieron a un hombre de color que estaba pintando la fachada y le preguntaron si había alguna posibilidad de conocer a Muddy Waters, uno de cuyos temas había dado nombre a la banda. Este les respondió que él era Muddy Waters y que complementaba su vida de músico con la de pintor de brocha gorda. Lo que me recuerda la ocasión en que Frank Zappa formaba parte del cartel de un gran festival de jazz en el que también actuaba el mítico Duke Ellington. Zappa acudió nervioso al camerino del genial jazzman. Cuando el Duke le abrió la puerta, Frank Zappa lo abrumó con sus elogios. Duke Ellington le dijo: “Esto está muy bien Zappa pero ¿Podría prestarme cincuenta pavos?”

Posiblemente el músico que influyó más en los bluesman rostropálidos fue el gran Robert Johnson, muerto muy joven en extrañas circunstancias, del que también era devoto Bob Dylan (un disco de Robert Johnson aparece en la portada de Bringing It All Back Home, su primera incursión eléctrica).

Eric Clapton acabaría grabando la obra completa de Robert Johnson, pero sus versiones palidecen ante el original. Otro fue el caso de Peter Green, un músico que formó parte de lo que se conocía como acid casuality, tocado por su uso exagerado de psiquedelicos, cuyas versiones de Robert Johnson son tan inquietantes como el original, y aún más cuando interviene al piano otro “loco” como el inconmensurable Dr. John.

Uno de los bluesman rescatados en los años sesenta, como el gran Son House, fue el delicado y sutil Mississippi John Hurt. Se cuenta que en una ocasión actuó en la Universidad de Chicago. Al acabar su actuación la persona que lo había llevado hasta allí le dio un talón bancario de la Universidad de Chicago. Mississippi John Hurt se quedó mirando a quien lo había apadrinado y le dijo si podía darle un talón suyo. El muchacho, perplejo, le dijo: “Este es de la Universidad de Chicago.” A lo que Mississippi John Hurt replicó: “Si, pero a usted lo conozco”.

Fernando Pardo. Publicado en la revista Cáñamo número 252, diciembre de 2018

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Una respuesta a La música del diablo

  1. psikeuso dijo:

    Al mencionar al diablo y a Skip James, me han entrado unas ganas irresistibles de escuchar “Devil Got My Woman”… ¡A ello me dispongo!

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