Cuerdos entre locos. Grandes experimentos psicológicos del siglo xx

De niño recuerdo que era un recurso frecuente citar algún supuesto experimento psicológico que alguien decía haber leído o escuchado hablar. Tras leer este libro veo que aquello eran realmente cosas de niños. La realidad redobla nuestra imaginación. La señora Lauren Slater, autora del libro que me ocupa ahora, recopila varios de los muchos experimentos que como mínimo han dejado de piedra a más de un profesional de la salud mental.

cuerdos y locos

Editado por Alba en 2011 este libro nos relata las artimañas que hicieron falta para experimentar con la lucha por la supervivencia, la obediencia a la autoridad, los recuerdos falsos… Quizás entre los lectores de esta revista sea conocido uno de los más demoledores experimentos que ha sido divulgado en diversos medios de comunicación. Se trata del llamado Parque de ratas, un experimento radical sobre la adicción. No voy a explicarlo porque será más sencillo que quien esté interesado busque en internet “Parque de ratas”.

Me centraré en uno de los experimentos que para mi curiosidad resulta más revelador sobre nosotros los humanos civilizados y bendecidos. Se trataba de dar luz sobre el porqué de la obediencia ciega a la autoridad. A cualquier autoridad. Un tal Stanley Milgram se las ingenió para contratar a unos actores para su investigación con humanos. Corría el año 1961 y todavía el mundo estaba patitieso con el pasado reciente: segunda guerra mundial, nazis, campos de exterminio… La idea era averiguar porqué es posible que obedezcamos aún sabiendo que nuestra acción causará mucho, mucho dolor. El tal Milgram ideó también un aparato que producía descargas eléctricas, falso, eso sí. En la escena pues tenemos al atrevido Milgram frente una máquina diseñada para provocar descargas eléctricas sobre humanos y un grupo de voluntarios entregados al saber de la ciencia esperando entrar en acción.

Que los soldados obedecen cuanto les sea ordenado es sabido por todos. En cualquier ejército, esa es la clave militar: obediencia total a la autoridad superior. Sí, lo tenemos asimilado. Militares, policías, sicarios… Pero ¿y cuando se trata de alguien como nosotros, tú o yo mismos?

¿Hasta donde serían capaces de obedecer sus órdenes? ¿Cuál sería el porcentaje de ciudadanos normales que obedecería las instrucciones de descarga del investigador? ¿Cuántos se negarían?… Los voluntarios se presentaron a cambio de 4 dólares para una prueba de no más de una hora de duración sobre la memoria… Eso les habían dicho, que era un estudio sobre la memoria. Mentira cochina, digamos. Resumiendo, el tema fue que un actor representaba el papel de individuo que debe memorizar unos nombres, nada extraordinario. El voluntario por 4 dólares debía, siguiendo las instrucciones de Milgram, aplicar unas descargas eléctricas si “el otro” no acertaba a recordar.

Hay que leer atentamente el libro porque aquí solamente voy a citar el final: «Entre el 62 y el 65 por ciento de nosotros, ante una autoridad creíble, obedecemos las órdenes hasta el punto de producir la muerte de otra persona». Me quedo helado. Imagino que Milgam también se quedó a cuadros ante esta muestra de obediencia tan… preocupante como mínimo. Milgram prolongó el experimento, bien hecho, y quiso contactar con algunos de los voluntarios que participaron, al cabo de unos años. Ahí descubrió de nuevo cosas sorprendentes. Encontró voluntarios que habían frito eléctricamente (al menos eso creían haber hecho) a otro individuo solo porque el señor de bata blanca se lo había exigido y después de años sus vidas eran amorosas y bastante equilibradas. Por otro lado, algunos voluntarios que se negaron a la fritanga humana, con el paso de los años estaban poco cómodos, digamos, con sus vidas.

Recomendable lectura aunque puede reducir a poco nuestra autoimagen de buena gente.

Xavier Vidal

Publicado en Cannabis Magazine . Reseñas de libros, revistas y rarezas de la biblioulises. Octubre 2017.

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Acerca de Revista Ulises

Revista de viajes interores. Aproximaciones a la expansión de la conciencia.
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