Cartas del yage. Correspondencia entre William Burroughs y Allen Ginsberg

Durante 2015 se publicaron mensualmente, en la revista Cannabis Magazine, las reseñas de buena parte del fondo editorial publicado por La Liebre de Marzo. En 2016 vamos a ir visitando la biblioteca Ulises con sus novedades, libros curiosos, rarezas… La siguiente reseña ha sido publicada en el mes de agosto:

Probablemente este fue el primer libro en español que divulgó el uso del yage, o más popularmente ayahuasca, entre algunas tribus del Amazonas. El célebre escritor W. Burroughs acabó su novela Junkie con el deseo de viajar hasta el Amazonas y tal vez dar allí con la sustancia que le facilitase lo que «había estado buscando con la heroína, la hierba y la coca». Burroughs viajó hasta América del Sur y mantuvo correspondencia con su amigo el conocido poeta Allen Ginsberg. Todo esto durante un periodo de diez años, entre 1953 y 1963. Vaya por delante cómo describe Burroughs su primer acercamiento al yage:

yage

«Fuimos a visitar a un alemán que poseía una finca cerca de Macoa. Los británicos partieron en busca de coca salvaje, con un guía indio. Le pregunté al alemán acerca del yage. “Sí, hombre”, dijo, “todos mis indios lo usan”. Media hora más tarde, tenía veinte libras de yage. Nada de expediciones a través de la selva virgen ni un anciano de cabello blanco diciendo: “Te estaba esperando, hijo mío”. Un simpático alemán a diez minutos de Macoa.

»El alemán también me arregló una cita para tomar yage con el brujo local (en aquel momento yo no tenía ni idea de cómo se preparaba). El brujo tenía unos setenta años y una cara suave como un recién nacido. Mostraba una dulzura socarrona como la de un viejo junkie. Estaba oscureciendo cuando llegué a mi cita con el yage en esa cabaña de suelo de tierra y techo de paja. La primera cosa que preguntó fue si tenía una botella. Saqué un litro de aguardiente de mi mochila y se lo alcancé. Tomó un buen trago y le pasó la botella a su asistente. Yo no bebí nada porque quería sentir puramente el efecto del yage… me lo bebí (el brebaje de yage) de un trago. Gusto amargo previo a la náusea. Le devolví la taza y el brujo y su asistente tomaron un trago.

»Me quedé allí sentado esperando resultados, y casi inmediatamente sentí el impulso de decir “No era suficiente, necesito más”. Ya había notado ese inexplicable impulso en las dos ocasiones en que me metí una sobredosis de caballo. Las dos veces, antes de que el pinchazo hiciera efecto, había dicho: “No era suficiente, necesito más”…

»Al cabo de dos minutos una oleada de vértigos me arrebató y la cabaña empezó a dar vueltas. Era algo parecido al éter, o cuando estás borracho perdido y te tumbas y la cama empieza a girar. Destellos azules cruzaban frente a mis ojos. La cabaña tomó un aspecto arcaico del lejano Pacífico, con cabezas de la Isla de Pascua labradas en los postes. El asistente estaba fuera, acechándome, con la obvia intención de matarme. Una violenta náusea me atacó de repente y corrí hacia la puerta, golpeándome el hombro contra el poste del dintel. Sentí el golpe pero no el dolor. Apenas podía caminar. Imposible coordinar los movimientos. Mis pies eran como bloques de madera. Vomité violentamente apoyado en un árbol y caí al suelo, miserablemente desamparado. Insensible, como si estuviera envuelto en capas de algodón. Intentaba liberarme de este vértigo entumecedor. Me repetía sin cesar: “Todo lo que quiero es salir de aquí”. Una incontrolable y mecánica simpleza se apoderó de mí… Debí vomitar seis veces. Estaba de cuatro patas, convulsionado por los espasmos de la náusea…. Debieron pasar horas. El brujo estaba sobre mí. Le miré durante un buen rato, antes de convencerme de que estaba allí realmente, diciendo si quería entrar en la casa. “No”, le dije. Se encogió de hombros y volvió para adentro…

»Me acosté y me cubrí con una manta. Tenía unos escalofríos como de malaria. Y de repente, una gran modorra. A la mañana siguiente estaba bien, a no ser por una sensación de cansancio y una ligera resaca del mareo. Pagué al brujo y volví andando a la ciudad…».

A día de hoy, en que la experiencia con ayahuasca está muy extendida y podemos leer o escuchar sobre ello más que abundantemente, asistir a congresos o pagar a uno de los muchos chamanes que nos ofrecen sus servicios cualquier fin de semana, el relato de Burroughs puede parecer simple o intranscendente pero tal vez lo interesante sea eso, el relato desnudo.

Y con esta pequeña muestra de esas cartas entre los dos personajes ya legendarios, lo dejo. No debe ser fácil adquirir este libro, editado en España por Star Books en 1977, pero, quién sabe, tal vez en tiendas de libros de segunda mano.

Xavier Vidal

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Acerca de Revista Ulises

Revista de viajes interores. Aproximaciones a la expansión de la conciencia.
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Una respuesta a Cartas del yage. Correspondencia entre William Burroughs y Allen Ginsberg

  1. Lo reedito Anagrama hace unos años, como por el 2006 o así.

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