Derrida y la retórica de la fundación de ayuda a la adicción

En 1990 la revista Autremont entrevistó a Jacques Derrida para preguntarle sobre toxicomanía. Elfilósofo francés se disponía a responder utilizando conceptos relacionados con ella, pero prefirió hacer otra cosa:

Jacques Derrida

Jacques Derrida

«Situándome en la posición del filósofo no-especialista en esta cosa llamada “toxicomanía” acaba Ud. de nombrar un cierto número de conceptos de alto tenor filosófico, conceptos supuestamente privilegiados por el filósofo: “libertad”, “dependencia”, “placer” o “goce”, etc. Está bien. Pero le propondría que empezáramos simplemente por “concepto”, por el concepto de concepto.  En un giro típicamente filosófico se apunta a prestar atención sobre la carga de la palabra y el concepto, en concreto sobre el concepto de “droga”»:

«[…] tal planta, tal raíz o tal substancia es también para nosotros un concepto, una “cosa” aprendida a través del nombre de un concepto y el dispositivo de una interpretación. No, en el caso de la “droga” el régimen del concepto es diferente: no hay droga “en la naturaleza”. Pueden darse venenos “naturales” y también venenos naturalmente mortales, pero no lo son en cuanto drogas. Como el de toxicomanía, el concepto de droga supone una definición instituida, institucional […]».

Derrida se centra en las instituciones para llamar la atención sobre su influencia en la dimensión retórica de las drogas y lo que se funda con ella: «necesita [el concepto de droga] una historia, una cultura, unas convenciones, evaluaciones, normas, todo un retículo de discursos entrecruzados, una retórica explícita o elíptica». ¿Qué supone para el filósofo apuntar a las retóricas de la droga y cuál es su relación con la toxicomanía o la drogadicción? Si acudimos a la publicidad utilizada en campañas antidroga en España podemos encontrar anuncios como este de la F.A.D. (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción):

Algunos apuntes retóricos brevemente. La voz en off dice: «los problemas de drogas hoy en día no tienen el aspecto que imaginas, tal vez por eso no los ves». Recurrir a esa voz no permite al espectador interpretar por sí mismo la escena que se presenta (convendría preguntarse: ¿qué se pensaría sin esa voz interpretadora?). Además esta no da información científica ni razonada, invita únicamente a corregir nuestra imaginación con respecto a las drogas. Perfecto: ¿cuál es el aspecto que tienen hoy en día a la luz del anuncio? Imaginemos un poco: el riesgo de mezclar drogas y trabajo. Según se da a entender Juan no podría entregar ese informe antes de las tres. También se puede observar que, pese a su aspecto deteriorado que podría indicar que tiene un problema, el trabajador trajeado le pide que no exagere dándole una palmada en el hombro. Este es el centro narrativo del anuncio: por evidente que sea para el espectador, el personaje que habla con Juan no se da cuenta de que tiene un problema, y mucho menos relacionado con drogas, ya que «los problemas de drogas hoy en día no tienen el aspecto que imaginas». ¿Qué se supone habremos de imaginar entonces?, y lo que es más importante: ¿qué podemos imaginar ahora?

En circuntancias semejantes yo mismo podría pecar de creer que no hay un problema de drogas donde lo hay. Cualquier persona que me dijera en el trabajo que «está fatal», y a la que anteriormente respondería despreocupadamente que no exagerase, podría tener un problema de abuso de drogas. Es posible que esté infravalorando sus extendidos y camuflados daños. Tal vez por eso no los veo, pero no significa que no existan. Debería estar atento, tener en mente que hay muchos más problemas de los que creía causados por toxicomanías. Si mi hijo viene a casa con algún suspenso debería, al menos, pensar que quizás eso tenga que ver con ellas, si presencio algún acto de violencia por la calle debería pararme a considerar si no habrá habido alguna droga involucrada en ello, si veo un coche volcado en la carretera mejor será que reflexione si no habrá sido causado por sustancias ilegales. ¿Qué le pasa a Juan, no lo notas raro últimamente? La verdad es que sí, y cada vez más delgado. ¿Te fijaste en la chaqueta roída que trajo ayer? Sí, y ya la trajo también la semana pasada, ayer se lo comenté pero no me hizo ni caso. Te parecerá una gilipollez, pero se me pasó por la cabeza si estará metido en… Y debajo del logo de la F.A.D., en mayúsculas:

PIENSA. Podría ser que el hecho de que no pienses te impida ver que esos detalles pueden ser debido a problemas con drogas. Piensa más, pero no necesariamente de modo distinto, en esos problemas. Hazlo incluso en aquellos casos que no asocias a drogas pero podrían ser causados por ellas. Y teme: el temor debe ser la instancia fundamental que te ayude a pensar. ¿Será intencionada esta pendiente argumentativa por parte de la F.A.D.? Quizás no, pero eso no evita que esa fundación funde determinadas actitudes y, en el momento en el que utilizan campañas en medios de comunicación, también las difunda. ¿Qué responsabilidad se tiene sobre esta difusión: es que las drogas únicamente causan problemas? Ahora que lo pienso fue muy irresponsable por mi parte haber fumado marihuana aquel día, no conocía a ese tío y podría contagiarme menos mal que me di cuenta, otros van por ahí haciendo es que es de sentido común, joder, no entiendo cómo hay gente que ¿es que no saben el daño que se hacen? Y si lo saben y aún así hay que ser… https://www.youtube.com/watch?v=V8JCIsaPq3Y
«Si en una sociedad se tipifica una sustancia como droga con un valor nocivo y se le atribuye una peligrosidad, generando una percepción negativa que actúa como filtro, se disminuye la probabilidad de que se consuma debido al temor y recelo que provoca en algunos grupos sociales» (F.A.D.: http://www.F.A.D..es/marcoreferencia, dentro del apartado «Nuestra filosofía»). He aquí esta filosofía, su filosofía, y el lugar desde el que apela a PENSAR: «los problemas derivados de los consumos actuales son muy distintos a los de la heroína y se relacionan con cuestiones que preocupan mucho a la sociedad, pero que esta no identifica con las drogas: fracaso escolar, violencia, accidentes de tráfico y/o laborales, sanitarios, etc.». Esa es la realidad que nos presenta la fundación que, en el apartado «Quiénes somos», apuesta por «prevenir los riesgos de las drogas a través de estrategias educativas, para lo que actúa de forma muy destacada en el ámbito de la educación formal e informal». Educación. Y busca hacerlo no solo a través de estas estrategias, sino con «campañas de sensibilización» como la que hemos visto. ¿Sensibilización a qué? Bill Hicks quizás se pase de la raya con su indiferencia ante la muerte de ese hipotético joven que salta por la ventana, pero ¿justifica eso educar en el miedo?

PIENSA. Pero hazlo bajo el logo de una mano atravesada por una raya roja. Claro que la F.A.D. es una institución, es ella quien nos invita a pensar; en concreto los consumos de drogas actuales que «preocupan mucho a la sociedad» dejando en un segundo plano los que no preocupan o preocupan menos. No olvidemos que la F.A.D. tiene una «misión fundamental» (http://www.F.A.D..es/nosotros) en la «prevención del consumo», no en la prevención del abuso o de la adicción. ¿Cómo es que esta sociedad se preocupa mucho, cómo ha llegado a estar tan preocupada? Por el riesgo que suponen las drogas ilícitas y peligrosas, se podría argumentar, porque no se piensa en esos riesgos. ¿Tiene esto algo que ver con las drogas? ¿Son ellas la causa de esta preocupación? ¿Legitima esta al pensamiento? ¿Es posible ayudar a la adicción cuando se utiliza el miedo como arma educativa? ¿No hay una adicción al miedo? ¿No se puede encontrar este de espaldas al sentido de la realidad? ¿No es el que provoca la deficiente conceptualización de las drogas como algo peligroso y de valor nocivo? ¿No son educación, sensibilización y prevención fantasmas cuando ayudan a infundirlo? ¿Tiene la ayuda de esta fundación (en varios sentidos de la expresión que precede y sigue) valor de verdad cuando quiere evitar determinadas experiencias utilizándolo? ¿Qué se le reprocha, finalmente, al usuario de drogas?

«Se le reprocha el gusto por algo como la alucinación. Sin duda hay que distinguir entre las drogas llamadas alucinógenas y las otras. Pero esta distinción se borra en la retórica del fantasma que sustenta la prohibición: la droga haría perder el sentido de la verdadera realidad. En nombre de ésta me parece que la prohibición se pronuncia siempre en última instancia. Al toxicómano no se le reprocha el goce mismo, sino un placer inherente a experiencias carentes de verdad».

José Luis Vila

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