Chapuzas cósmicas a domicilio


Otra nueva crónica desde Isla Tortuga, por Fernando Pardo. Publicada en la Revista Cáñamo número 144. Como siempre, agradecemos a la redacción de Cáñamo el poder publicar estas crónicas en nuestro blog.

Los propagandistas de la teoría del diseño inteligente, que pretenden ser considerados una alternativa seria a la teoría de la evolución, suelen basarse en que la naturaleza muestra signos de haber sido diseñada de forma óptima e inteligente. Para sus adeptos es imposible que, por ejemplo, el cuerpo humano y la mente sean un producto del azar y la necesidad (en frase afortunada del Premio Nóbel francés Jaques Monod); alegan que algo tan sofisticado como el cuerpo humano no puede ser fruto del azar.

Existe un viejo chiste en el que un arquitecto católico le dice a un colega ateo. “No me negarás que Dios es el Gran Arquitecto, nadie sino El podría haber hecho algo tan sofisticado y bello como el cuerpo humano”. A lo que el otro le contesta: “Que quieres que te diga. No creo que ni un mal aparejador hubiera puesto el water tan pegado a la sala de fiestas”.

Precisamente François Jacob, que compartió el Premio Nóbel con Monod, decía que Dios era un chapucero. Pero cuando hablaba de chapuza no lo hacía en un sentido totalmente negativo, sino en el de alguien que aprovecha cualquier material que tiene a mano.

Un neurocientífico que visitaba una central eléctrica quedó asombrado de que coexistieran diversos métodos para producir electricidad, desde los antiguos hasta los más modernos. El ingeniero que le acompañaba le explicó que la central no había podido dejar de producir electricidad en ningún momento. Algo semejante sucede con el cuerpo humano en el que coexisten rasgos antiguos y modernos. Dios no pudo en ningún momento hacer tabula rasa y hemos de cargar con el walkman si queremos tener el iPod.

Actualmente diversos autores han escrito libros en los que nos demuestran que lejos de ser un diseño inteligente el cuerpo y la mente humanas son…   ¡lo que han podido ser!

En el caso de la mente, el profesor Gary Marcus profesor de psicología de la Universidad de New York ha escrito un libro interesante y asequible sobre el particular: Kluge: The Haphazard Construction of the Human Mind. Kluge, en argot americano significa: una forma tosca y poco elegante –pero a veces muy eficaz- de solucionar un problema. A lo largo del libro, Marcus argumenta que los rasgos de la mente son el resultado de la evolución por selección natural y hace mucho hincapié en los dos modos mentales que poseemos: uno rápido e inconsciente y otro lento y deliberado, que en muchas ocasiones suelen chocar.

Por ejemplo, la razón por la que la gente es tan proclive a la hora de confundir lo que sabe con lo que meramente supone es la de que, para nuestros antepasados, ambas cosas no eran tan distintas. Las personas racionales, si existieran, solo creerían lo que es verdad y pasarían siempre, e inexorablemente, de las premisas a conclusiones ciertas. Pero el hombre irracional, que solemos ser -un producto de la evolución- frecuentemente lo hace al revés: parte de una conclusión y busca razones para creerla. Muchos problemas surgen cuando empezamos a creer en cosas que no observamos directamente, y en el mundo moderno la mayoría de las cosas que creemos no son directamente observables.

Al ser criaturas que hemos evolucionado nos vemos, a menudo, forzados a actuar más que a pensar. El Homo sapiens nunca hizo evolucionar un sistema adecuado para tener seguridad sobre lo que sabemos, y el modo en que lo hemos sabido, sin que intervenga la contaminación fruto de nuestros deseos y de la búsqueda del placer. A partir de estas premisas se explica que en el mundo de la publicidad intenten que un producto tenga asociaciones placenteras, pues, no importa lo poco necesario que en realidad sea para nuestro bienestar, al hacerlo así nos incitan a comprarlo.

Otro punto de interés del libro de Marcus es la reflexión de que a nuestros antepasados les era rentable vivir en el presente, estilo zen. Valoraban más el presente que el futuro, que prácticamente no consideraban. Lo que tiene sentido si la vida es corta o el mundo mucho más predecible. Pero actualmente con cuentas bancarias, seguros de vida, el fútbol de los domingos, la petanca, las agendas electrónicas los puticlubs etc, las cosas son algo distintas.

La existencia de estos dos sistemas de pensamiento: un sistema inconsciente y rápido y otro consciente y más deliberado, no significa que debamos sustituir uno por el otro, sino aprovechar ambos en el contexto adecuado. La sabiduría no es más que armonizar las ventajas e inconvenientes de ambos sistemas, distinguiendo las situaciones en que nuestras decisiones probablemente sean poco adecuadas y creando estrategias para superar estos errores.

En el fondo, asuntos complejos como la adicción se basan en estos diferentes sistemas. En ocasiones se llevan a cabo actos que aparentemente son racionales, porque aportan de inmediato la recompensa de la felicidad, pero a que a largo plazo pueden ser devastadores. En realidad, a la evolución no le preocupa si entendemos cómo funciona nuestra mente y ni siquiera si somos felices. La naturaleza no nos hizo evolucionar para ser felices, sino, en cierto sentido, para buscar la felicidad. Lo que son dos cosas muy distintas. Esta es también la causa de que los adolescentes tengan una capacidad adulta para apreciar las ganancias a corto plazo, pero una capacidad infantil para reconocer los riesgos a largo plazo. En cierto sentido un adolescente piensa más como nuestros antepasados, poco duchos en preocuparse por el futuro, pues éste estaba excesivamente próximo al presente.

Nuestros mecanismos ancestrales se conformaron en un mundo distinto del actual y nuestro pensamiento reflexivo, más moderno, no puede eliminar la influencia del pasado, y en parte es bueno que así sea. En cualquier ámbito, desde la memoria hasta el disfrute del placer, nuestra mente es, por decirlo suavemente, imperfecta. Un diseñador inteligente no hubiera hecho la mente de este modo, solo podemos interpretar que es tal cual es por tratarse de una reliquia del pasado.

Algunos científicos envalentonados por las nuevas tecnologías y por haber descifrado el código genético se preguntan sino sería bueno enmendarle la plana a la naturaleza. En cierto modo jugar a Dios. Otros se rebelan contra esta idea y vaticinan catástrofes para los aprendices de brujo. Planea el mito de Adán y Eva… la serpiente y la manzana. Algunos afirman, como advertencia, que la iatrogenia, los efectos adversos de los tratamientos médicos, causa 225.000 mil muertos al año, solo en Estados Unidos, siendo la tercera causa de muerte en dicho país. En el resto de países no vamos a la zaga. Pero la proposición no es tan descabellada. Si consideramos los orígenes de nuestra especie y las chapuzas del proceso evolutivo que nos han llevado a donde estamos, podemos detectar los casos más flagrantes en los que la naturaleza no nos ha proporcionado una solución sabia a un problema particular. En estos casos –por ahora solo en estos casos- las mejoras sobre lo que hay, conseguidas por los científicos, serían tal vez legitimas. La nariz y las orejas no evolucionaron para sujetar las gafas ni la cabeza para llevar un sombrero pijo.

Hay quien afirma, por ejemplo, que es licito intentar hacer menor nuestro nivel de aburrimiento, lo que haría que nuestras vidas fueran más amenas y divertidas. El nivel de aburrimiento tal vez fue adaptativo en su momento, pues evitaba dedicarse a actividades que no contribuían a nuestra supervivencia y reproducción. Pero los tiempos han cambiado y jugar una partida de bolos no impedirá que por la noche podamos sacar una cerveza y un pollo de la nevera. Dicho cambio podría lograrse con alguna intervención genética o farmacológica.

En otro orden de cosas, no estaría de más ampliar el altruismo de la humanidad en su conjunto. Algo que en su día pudo ser peligrosos para nuestra supervivencia, pero que hoy nos lo podríamos permitir, sino hubiera tanto gilipollas que solo danza al son del palo y la zanahoria. Para conseguirlo tal vez sería útil extender el uso de drogas empatogénicas, la práctica de la meditación, una educación mejor y más amena, y entornos sociales y culturales más agradables que reforzaran dichas tendencias.

Existen verdaderos entusiastas de la idea de mejorar al ser humano, científicos muy optimistas con la promesa de las intervenciones biomédicas para mejorar la cognición, enriquecer el bienestar emocional y retrasar la vejez. Otros recuerdan la época de los nazis y prefieren arrastrar la imperfección antes que la arrogancia más ridícula. Hay una cierta verdad en el hecho de que la naturaleza posee cierta sabiduría. Precisamente, entendiendo las limitaciones de esta sabiduría podemos colegir donde es posible actuar sin ser más chapuzas que la propia naturaleza. Hay que insistir en que el organismo humano evolucionó en un entorno particular y ahora debe funcionar en un mundo moderno; los cazadores recolectores actualmente presiden el Palau de la Música y, sus presas, por lo general, no suelen llevar cuernos. Las condiciones modernas son demasiado recientes para habernos adaptado plenamente y tal vez sería bueno hacer algunos ajustes. La humildad debe dictarnos que tal vez nuestro talento no supere al proceso evolutivo que creó el diseño original, que ciertamente en muchas ocasiones nos deja con la boca abierta (boca que en principio se diseño para comer más que para embobarnos).

En su momento la evolución tuvo que manejar el gasto energético de forma algo cicatera. Hemos de tener en cuenta que el cerebro constituye el 2 por ciento de la masa corporal pero consume el 20 por ciento de la energía (en los recién nacidos el metabolismo cerebral representa un 60%). La evolución, en su día, tuvo que tener muy en cuenta el tiempo y energía dedicados a actividades que fueran distintas a la búsqueda de alimentos. Hoy no necesitamos conservar tantas calorías (¡más bien lo contrario!). Podríamos sintetizar algún estimulante que aumentara la energía mental, aunque nos hiciera quemar más calorías (lo que no nos iría mal del todo, mataría dos pájaros de un tiro y no haría falta apuntarnos al gimnasio). Otro caso en el que no importaría quemar más calorías sería el de aumentar la actividad reparadora del ADN en nuestras células, lo que tal vez prevendría el cáncer y la degeneración asociada a la vejez como en el caso del Alzheimer. Lo mismo reza para la mejora de la concentración. Tal vez el déficit de atención esté también asociado, en este sentido, a que se trata de una facultad de la mente que necesitaba muchas calorías. Drogas como el Ritalin pueden ayudar a esta concentración, aunque quemen calorías.

Por otro lado en la actualidad tal vez prefiramos el bienestar, el conocimiento y las relaciones significativas a tener el mayor número posible de descendientes, objetivo prioritario para la evolución. En resumen podemos ser capaces de modificar el organismo humano para que sirva mejor a nuestros deseos y objetivos actuales, incluso si no somos capaces de mejorar sus capacidades como máquina reproductora y de supervivencia. No sirven para otra cosa la píldora anticonceptiva o los preservativos.

En cierto modo los defectos de la evolución pueden tomarse como oportunidades. Al observar detalladamente las limitaciones del proceso evolutivo, que creó el organismo humano, podemos identificar posibilidades prometedoras de mejora, mediante intervenciones que ya están a nuestro alcance o lo estarán en un futuro.

Tal vez algún día dejemos de depender del material biológico para construir cuerpos y mentes y dejemos también de necesitar de la “sabiduría de la naturaleza” para poder configurar, desde cero, nuevos órganos y nuevos miembros. Posiblemente esto tarde menos en llegar de lo que imaginamos (ya sucede a pequeña escala). El desafío no será tanto técnico como moral, una palabra que pronto nos parecerá tan antigua como nuestro pasado de cazadores-recolectores.

Anuncios

Acerca de Revista Ulises

Revista de viajes interores. Aproximaciones a la expansión de la conciencia.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s