Woodstock: ¿final de trayecto? (II). Fernando Pardo

Otra nueva crónica desde Isla Tortuga, por Fernando Pardo. Publicada en la Revista Cáñamo número 143. Como siempre, agradecemos a la redacción de Cáñamo el poder publicar estas crónicas en nuestro blog.

Todo estaba apunto. Finalmente daba la sensación de que Woodstock estaba en la recta final. Cuando las cosas parecían bien encaminadas, se presentaron dos inconvenientes que estuvieron a punto de acabar con el Festival. Michael Lang había estado contratando a los grupos que iban a actuar por medio de la agencia de John Morris. Uno de los principales clientes de Morris era Bill Graham, quien le amenazó con dejar de trabajar con él al ver la gente que estaba contratando Lang para el festival. La mayoría de los grupos estaban programados posteriormente en el Fillmore y Bill Graham, con cierta falta de visión si tenemos en cuenta lo que pasó después, creía que si la gente los veía en el Festival no acudiría luego a verlos en el Fillmore. Se produjeron algunas tensiones hasta que finalmente, Lang le pidió su programación y le prometió no contratar a nadie más que Bill tuviera previsto posteriormente en el Fillmore. Más adelante Bill Graham presionaría para que Lang incluyera en el cartel de Woodstock a un nuevo grupo que él representaba: Santana.

Otro momento difícil fue cuando ya se esperaban unas cuarenta mil personas y habían empezado a montarlo todo en el área de Wallkill y el municipio les negó finalmente los permisos. Lang afirma, en la actualidad, que nunca estuvo a gusto con Wallkill, pero la situación era delicada, pues estaban a pocas semanas del evento y tenían que empezar desde cero. Se inició una búsqueda frenética que finalmente les llevaría a la hoy famosa granja de Yasgur.

Max Yasgur, un granjero sencillo y franco, hizo cuatro números en un sobre acerca de la cosecha de alfalfa que iba a perder y aceptó el trato.

Mientras los inversores económicos hacían también sus números, la comunidad underground empezaba a ponerse algo nerviosa con el acontecimiento y Michael Lang decidió afrontar el asunto. Los grupos radicales del Lower Esat Side temían que el sistema pretendiera diluirlos bajo el disfraz del festival de Woodstock. Lang intentó convencerlos de que ellos formaban parte de la contracultura y estaban en el mismo barco. Argüía que la comercialización sería mínima y que primarían los valores antisistema. Se trataba de una manifestación de fuerza que demostraría al mundo el poder de la contracultura. Lang finalmente subvencionaría económicamente a varios grupos del underground más radical, pagaría una imprenta, que acabó en manos de los Panteras Negras, y prometió lugares preferentes en el festival para que diversos colectivos pudieran hacer su proselitismo. Insistió en que hicieran del festival algo también suyo.

Michael Lang, a pocas semanas del festival empezaba a verse desbordado. Había llegado a un acuerdo con un contingente de policías de Nueva York, que en los días del festival estarían fuera de servicio, para que montaran el equipo de seguridad. Pero el jefe de policía de Nueva York no les dio permiso. Lang se percató de que empezaba el tira y afloja con la administración que iba a hacer todo lo posible por impedir que el festival se celebrara.

Michael había conectado con la gente de la Hog Farm, una respetada comunidad de hippies, uno de cuyos líderes naturales era Wavy Gravy, que se hizo famoso tras aparecer en la película con un mono blanco prometiendo desayuno en la cama para 400.000 personas. Alguien definió a Gravy como un cruce entre la Madre Teresa y los Monty Python. En un principio la gente de la Hog Farm iba, entre otras tareas, a cocinar para los trabajadores del festival, abrir zanjas y caminos, colaborar en el montaje y ayudar en la tienda de “malos viajes”, una especie de antecedente de nuestro Energy Control. Pero Michael Lang desesperado insinuó que se dedicarían también a coordinar la seguridad.

La gente de la Hog Farm fue recogida en Nuevo México, donde celebraban el solsticio de verano, por un avión de las fuerzas aéreas que los trasladó a Nueva York. Wavy Gravy recuerda como empezó a darse cuenta de la envergadura que estaba tomando el asunto cuando al llegar la Hog Farm a Nueva York se vieron rodeados de periodistas y cámaras de televisión. Alguien le comentó que se iban a encargar de la seguridad y Wavy pensó: ¡Dios mío nos han hecho polis! Cuando el periodista insistió en que esto no podía funcionar, Wavy le preguntó: “¿Usted se siente seguro?”. El periodista contesto que si y Wavy le dijo: “Ve, ya empieza a funcionar”.

La Hog Farm pronto se organizó y fue una de las causas del éxito del festival, pues con su buen rollo lograron que todo el mundo se apoyara en los momentos más críticos. Crearon una fuerza de paz. Alguien les dijo que, por cuestiones operativas, tenían que tener entre ellos una contraseña y decidieron que la contraseña fuera: “la olvidé”.

La Hog Farm consiguió crear un clima divertido y amoroso que decantó a las personas hacía un espacio pacífico, algo que no es tan fácil como pueda parecer cuando se trata de un número de personas tan elevado, en diversos estados alterados de consciencia, como se comprobó posteriormente en otros festivales que acabaron en un autentica apoteosis de violencia (por ejemplo uno de los revival de Woodstock en los noventa).

En cuanto a los aspectos técnicos del festival todo fue posible gracias al personal que se había formado con Bill Graham en el Fillmore. Gente como Morris, Langhart, Monk y Hanley. Sin ellos tampoco hubiera habido festival. Se trataba de técnicos muy profesionales y competentes y a la vez comprometidos con la filosofía del evento. Algo también hoy en día impensable.

En relación al festival en sí, la película refleja bastante bien lo que fue. Michael Wadleig le supo dar un enfoque correcto: el de un peregrinaje, una suerte de regreso al Edén y una demostración del poderío de la contracultura, pues como recuerda Country Joe hoy en día no podemos llegar a comprender que la gente les odiaba y conspiraba por enviarlos a la cárcel o a morir en Vietnam. Si hubieran sabido la inmensa cantidad de personas que iban a reunirse lo hubieran prohibido, y en realidad ya hicieron la vida imposible a los organizadores, pero no esperaban una respuesta tan entusiasta y se vieron desbordados. Como dijo Country Joe: “Compartimos el sueño de paz y amor con gran parte de nuestra generación. Durante tres días tuvimos realmente paz y amor, en medio de un país lleno de odio y violencia, confusión y desesperanza. Por encima de todo ello, más de medio millón tuvimos tres días de amor y paz. Lo se, estuve allí y nadie podrá decirme lo contrario.”

Los músicos, a pesar de algunos tiras y aflojas por el temor de no cobrar, al comprobar que se había convertido en un free festival, colaboraron con el espíritu del evento y aguantaron las inclemencias del clima y el hecho de salir a actuar a horas intempestivas sin haber dormido, como fue el caso de los Jefferson Airplane. Los Grateful Dead tuvieron, como en Monterrey Pop, una actuación desastrosa. Como decía Jerry Garcia jocosamente: “en los dos grandes festivales que marcaron huella en los sesenta simplemente la cagamos.” Aunque se lo pasaron en grande con sus colegas en el backstage, en improvisadas jams.

Cuando en la película oímos a Stephen Stills, tras tocar una pieza con Crosby y Nash, decir que estaban cagados, no lo decían tanto por el público, sino porque en el escenario estaban rodeados de todos los músicos que admiraban. Otro aspecto que nos ayuda a comprender la época es que la mayoría de estos artistas colaboraban unos con otros en sus discos.

En general los músicos, como digo, fueron participes y no dejaron de ayudar en lo que hizo falta. Aun se recuerda la mítica actuación de Richie Havens, al que Michael suplicó que iniciara el festival cuando el grupo programado para abrirlo se había quedado atrapado en el monumental atasco que se formó para llegar Woodstock. Richie Havens, un hombre todo corazón, agotó su repertorio. Michael le insistía en que por favor siguiera tocando, pero no tenía más canciones. Cuando ya estaba desesperado, la visión del océano de personas que tenía en frente le sugirió la canción que fue creando sobre la marcha: el escalofriante Freedom que quedó registrado en la película.

Otro caso fue el de John Sebastian que solo había ido de visita al festival y al que Lang suplicó que por favor saliera a tocar, al ver que los músicos no llegaban. Algo parecido sucedió con Country Joe que estaba sin su grupo, The Fish, que debía actuar otro día, y que improvisó una actuación acústica en solitario que está en el recuerdo de todos: ¡Dadme una F!

Ha corrido mucha tinta sobre el instante en que Pete Townshed de The Who golpeó con el mástil de su guitarra a Abbie Hoffmann que interrumpió su actuación. Existen versiones contradictorias. Abbie Hoffmann siempre negó que Pete le golpeara y según él simplemente chocaron. Tras cotejar varias versiones parece ser que Abbie Hoffmann estaba muy colocado de ácido y entre dos canciones de los Who intento salir a escena para pedir apoyo para John Sinclair el poeta, músico y líder de los Panteras Blancas, que había sido condenado a diez años de cárcel por la posesión de dos porros de marihuana. Hoffmann intentaba conectar la música, la política y la marihuana y apoyar la campaña “free John Sinclair”. Pete Townshed, un tipo nervioso, estaba totalmente agotado tras haberse abierto paso a través del barro para llegar al escenario, prácticamente sin descansar ni comer, y se produjo el encontronazo. Recientemente Pete Townshed ha reconocido que Abbie Hoffmann tenía razón en su reivindicación, pero que en aquel momento, totalmente ofuscado, solo vio que alguien subía al escenario a interrumpirlos y estalló.

En realidad Abbie Hoffmann fue un personaje complejo y contradictorio que finalmente se suicidaría. Muchos reconocen que era un auténtico revolucionario, pero también que era una persona bipolar que sufría frecuentes altibajos a los que no ayudaba su consumo de sustancias psicoactivas. Tras el Festival publicaría el libro Woodstock Nation.

En el famoso juicio a los siete de Chicago, el fiscal le preguntó a Abbie Hoffman donde vivía y el contestó en la nación Woodstock. Cuando el fiscal le preguntó que significaba, contestó que era un estado mental del mismo modo que los Sioux llevaban consigo la Nación Sioux, estuvieran donde estuvieran y prosiguió: “está en mi mente y en la mente de mis hermanos y hermanas. No consiste en propiedades o en algo material sino en ciertas ideas y valores. Actualmente la nación está cautiva, en las penitenciarias y las instituciones de este sistema en decadencia.”

El 18 de Agosto de 1969 Jimi Hendrix cerró el festival con una actuación magistral. Había reunido a diversos músicos tras desmantelar la Jimi Hendrix Experience y crear la Band of Gypsies. Últimamente se había visto criticado por los Panteras Negras por, según algunos, haberse convertido en un entretenimiento para blancos, y en Woodstock se presentó con una banda multirracial. Daba la sensación de que fue consciente del significado del evento y de la importancia de su clausura.

Michael Wadleigh recuerda: “Cuando tocó The Star-Spangled Banner proporcionó el final perfecto. Pasó por todos los géneros musicales: clásica, jazz, blues, rock, electrónica… Con la atmósfera actual no creo que vuelva a haber ningún músico como él. Fue algo impresionante”

En realidad Woodstock nunca podrá repetirse y es bueno que sea así. Lo que no quiere decir que otras generaciones no tengan sus eventos, sus Burning Man o Boom festival o raves invisibles para la gente en general. Lo que acabó en Woostock fue una forma de hacer que difícilmente se repita en el marco de la actual epidemia narcisista (o sería mejor decir de gilipollez) que nos invade.

Hace poco leí que unos psicólogos sociales habían hecho un experimento, que a mi modo de ver tiene mucha relación con el espíritu de Woodstock. Dieron lápices de colores y hojas de papel a un grupo de niños en una clase. En otra clase hicieron lo mismo, pero en este caso cuando los niños acabaron de dibujar les dieron premios y diplomas. Quince días después repitieron el experimento y descubrieron que la clase de los niños que la primera vez no recibieron premios ni diplomas dibujaban con mucho más entusiasmo que los que los habían recibido.

Anuncios

Acerca de Revista Ulises

Revista de viajes interores. Aproximaciones a la expansión de la conciencia.
Esta entrada fue publicada en psiquedelia, Uncategorized y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s