Neuroteología: Neuronas divinas o estafa cósmica

Otra nueva crónica desde Isla Tortuga, por Fernando Pardo. Publicada en la Revista Cáñamo número 133. Como siempre, agradecemos a la redacción de Cáñamo el poder publicar estas crónicas en nuestro blog.

Muy pronto los transeúntes londinenses se verán sorprendidos al comprobar que algunos de los típicos autobuses rojos de la capital inglesa, en sus laterales, en lugar de los clásicos anuncios de refrescos o de lencería femenina, llevarán la leyenda: “Probablemente Dios no exista. Así que deja de preocuparte y disfruta de la vida.” Se trata de una campaña de la British Humanist Association apoyada, entre otros, por el biólogo Richard Dawkins. Se necesitaban 5.500 libras para que la campaña pudiera contar con 30 autobuses. Dawkins prometió otras 5.500 libras de su bolsillo y, gracias al apoyo de la escritora Ariane Sherine desde el diario Guardian, ya se llevan recaudas más de 100.000 libras. En realidad muchos desearían que se eliminara la palabra “probablemente”, pero como en el caso de la cerveza Carlsberg: “Probablemente la mejor cerveza del mundo…” había que ajustarse a las normas publicitarias. Los ateos militantes, encantados con el éxito, piensan llevar la campaña a otras ciudades inglesas.

En los últimos años hemos asistido, en el campo científico, a un aluvión de libros contra Dios y la religión, ya sea desde la biología como es el caso del mismo Richard Dawkins, con The God Delusion, desde la filosofía y la psicología cognitiva Breaking the Spell: Religion as a Natural Phenomenon de Daniel Dennet, la antropología, Religion Explained de Pascal Boyer e In Gods We Trust: The Evolutionary Landscape of Religion de Scott Atran, la psicología Attachment, Evolution and the Psychology of Religion de Lee Kirkpatrick, la física, God: The Failed Hypothesis: How Science Shows That God Does Not Exist de Victor J. Stenger, hasta llegar a las matemáticas, como en Irreligion: A Mathematician Explains Why The Arguments For God Just Don’t Add Up de John Allen Paulos. Por solo citar unos cuantos de los que creo tienen un mayor interés. Aunque me gustaría mencionar, por último, un magnífico libro titulado godless, cuyo autor, Dan Barker, fue un fanático predicador evangelista y músico, que compuso musicales infantiles de gran éxito basados en la Biblia y los Evangelios, quien se “convirtió” al ateismo militante. Un libro brillante, prologado por Richard Dawkins y que ha merecido los elogios del neurólogo Oliver Sacks, el reputado escéptico Richard Shermer, el prestigioso neurocientífico Robert Sapolsky y de Christopher Hitchens, autor de otra andanada, de gran éxito, contra el Señor que lleva por título God is Not Great. Dan Barker actualmente recorre los Estados Unidos desmontando lo que considera una de las estafas más grandes de todos los tiempos e interpretando excelente música de jazz.

Curiosamente por otro lado, como ya hemos comentado en alguna ocasión, desde las neurociencias ha aparecido una nueva disciplina conocida como Neuroteología. Ésta pretende desvelar las estructuras y procesos cerebrales que hay detrás de las experiencias místicas. Para algunos estas investigaciones no solo proporcionarán valiosas pistas sobre la capacidad de los humanos para tener experiencias místicas, sino que también nos mostrarán el papel de estructuras cerebrales concretas y otros aspectos mentales involucrados con el proceso que da pie a las creencias o a la experiencia de una realidad trascendente, que muchos identifican con Dios.

En realidad la Neuroteología no constituye una disciplina unitaria y alberga en su seno una amplia gama de matices. Para algunos es una ciencia que demuestra la existencia de Dios y para otros lo único que demuestra es que Dios es una creación ilusoria de la mente. Algunos llegan a hablar de un suerte de delirio psicótico que nos ofrece pistas de la capacidad fabuladora de la mente humana Existen otros casos, como el del catedrático de Neurología del Comportamiento de la Universidad de Londres, Michael R. Trimble, que ha escrito un magnifico libro, The Soul in the Brain, que analiza en profundidad la relación del cerebro con la música, la poesía y la religión, con una objetividad y un estilo literario exquisitos. Otros como, Joseph Rhawn, autor y recopilador de un mamotreto titulado precisamente Neurotheology, publicado por una supuesta California University Press, que al parecer no tiene nada que ver con la Universidad de California, crean una pesadísima y pedante obra en su intento de confirmar la existencia de Dios hurgando, con estilo soporífero, en el Big Bang y el código genético.

Resulta extraño encontrar entre los colaboradores de este delirio a la psicóloga Susan Blackmore, autora de La máquina de los memes, prologado por Richard Dawkins. Los dos artículos de ella que aparecen en el libro son los único de interés. Cuando Susan vio el resultado final intentó retirar sus colaboraciones, pues se sintió engañada.

Susan Blackmore es una psicóloga inteligente y valiente. Tras tener una experiencia de las que se conocen como fuera-del-cuerpo (OBE, Out-Body-Experience en inglés) producida por un psiquedélico, se dedicó algunos años al estudio serio de la parapsicología, llegando a la conclusión de que sus experimentos carecían del rigor suficiente. Los investigadores eran totalmente parciales y solían encontrar lo que buscaban, negándose a someterse de forma adecuada a los protocolos propios de la ciencia. Su decepción está bien narrada en su obra En búsqueda de la Luz: aventuras de una Parapsicóloga. Como he dicho Susan Blackmore es una psicóloga brillante y atrevida que ha publicado un excelente libro universitario sobre la conciencia en el que, algo poco habitual, hay un capítulo dedicado a los psiquedélicos, cuyo uso siempre ha defendido, y otro a la meditación (no en vano ha sido practicante de zen durante más de veinte años.) Tuve el placer de conversar con ella en el Simposio que tuvo lugar en Basilea en homenaje a los cien años de Albert Hofmann y me pareció todo un personaje. Susan es amiga y colega de los mejores neurocientíficos actuales, los cuales la respetan enormemente.

Como vemos la neuroteología es una disciplina extraña en la que nos encontramos un poco de todo. Existen investigadores que analizan escáneres cerebrales de meditadores budistas y monjas de clausura, que interpretan como prueba fehaciente de la existencia de Dios, pero también hallamos a otros a los que un material parecido les confirma que se trata de una función propia del lóbulo temporal que explicaría los éxtasis que experimentan algunos epilépticos. Según Michael Persinger, neurocientífico canadiense, el lóbulo temporal izquierdo sostiene nuestro sentido del yo y cuando es estimulado da la sensación de que el yo deja el cuerpo, o nos parece estar en presencia de Dios. Para liar más las cosas el genetista Dean Hammer se ha puesto a buscar los genes relacionados con la creencia en Dios, partiendo de un estudio con gemelos. El resultado ha sido que aquellos más inclinados a la mística, o a creer en Dios, poseen una variante del gen VMAT2 (la variante 330) que implica un aumento de los receptores  relacionados con la dopamina y la serotonina. Más chulo que un ocho, ha titulado su libro The God Gene: how faith is hardwired into our genes. Y no estamos hablando de un payaso, sino de un reputado biólogo.

Hay quien dice que la palabra neuroteología es un neologismo que introdujo nuestro admirado escritor y psiconauta Aldous Huxley, y que uno de los primeros que llamaron la atención de la relación del lóbulo temporal con el éxtasis fue el neurocientífico Vilayanur Ramachandran, que estudió a un grupo de pacientes que sufrían epilepsia de dicho lóbulo. Los pacientes decían que durante los ataques experimentaban una total unidad con el universo y en sus vidas cotidianas mostraban una preocupación religiosa que en ocasiones rayaba con la obsesión.

Otro interesante investigador en este campo es el neurólogo James Austin, autor del monumental Zen and the Brain, al que ha seguido Zen-brain reflections y del que espero, con la emoción de un niño la noche de reyes, Selfless Insight, que cerrará una magnífica trilogía. Austin es un tipo serio, que combina la figura de un científico competente, no olvidemos que sus libros los publica el MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets), con la de un hombre que hace más de treinta años que práctica zen y lo ha hecho con buenos Maestros. Sabe que algunos pueden hablar de Dios, pero cuando a un Maestro zen le preguntaron ¿Qué es Buda? Contestó: “Mierda seca en un palo.” No se si muchos cristianos contestarían igual a la pregunta ¿Qué es Dios? (No olvidemos que hay mucha gente que vive como Dios especulando sobre Dios y hablando en nombre de Dios).

En realidad a nadie se le escapa que algunos de los practicantes de la neuroteología son una especie de “tapados” del movimiento seudocientífico conocido como el diseño inteligente, que pretende sustituir al burdo creacionismo por una versión puesta al día. El diseño inteligente parte de la idea de que existe alguien que ha diseñado el universo y… ¡quién sino Dios! Se trata de una versión moderna de la reflexión del teólogo William Paley, que en su obra Teología Natural suponía que era imposible la existencia de seres complejos sin un diseñador o mente creadora superior y ponía el ejemplo de que si nos encontráramos un reloj mientras paseábamos por el campo, no pondríamos en duda que había existido alguien que lo había diseñado. Argumento que desmonta magistralmente Richard Dawkins en su obra El relojero ciego.

Como sabemos en Estados Unidos impera el fundamentalismo religioso (solo basta oír a G. W. Busch y no olvidemos que B. Obama no se la juega mucho en este terreno). Según la constitución existe separación, como al parecer en nuestro país, entre Iglesia y Estado. Los propagandistas del diseño inteligente pretendían que éste se enseñara en las escuelas junto a la teoría de la evolución, pero un juez de Pennsylvania, John Jones, sentenció que “la enseñanza del diseño inteligente en las escuelas violaría la separación constitucional Iglesia-Estado”.

En nuestro país hay pocos estudiosos que exploren la neuroteología, y los pocos que lo han hecho no me convencen mucho. Está el neurocientífico español  Francisco J. Rubia, que ha publicado un libro titulado La conexión divina que intenta abarcar todos los temas que hemos estado comentando (con las típicas páginas dedicadas a los psiquedélicos … ¡perdón, los enteógenos!, que como siempre sucede cuando se escribe sobre estas materias, en este contexto, se hace patente que no tienen la mínima idea, pero está de moda citarlos en esta clase de obras), luego está el libro Éxtasis sin fe de Javier Álvarez Rodriguez, que hace ir del bracete a místicos y epilépticos, algo que ya está muy manido (¡hasta cita el MDMA!) y que fue autor de una curiosa obra sobre San Juan de la Cruz y la depresión. Por último acaba de salir un librito de Amadeo Muntané, Doctor en Medicina y Cirugía, Especialista en Diagnóstico y Neurorradiólogo, Profesor de Neurorradiología de la Universidad de Barcelona, Maria Luisa Moro, médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y psiquiatra del Centro de Atención Primaria de las Corts y Enrique R. Moros sacerdote y profesor de Metafísica y Teología Natural de la Facultad Escolástica de Filosofía de la Universidad de Navarra, titulado El Cerebro: Lo neurológico y lo trascendental. El libro tiene un arranque moderado y bastante objetivo, pero al cabo de pocas páginas empieza a dar la sensación que este trío de eminencias, con sus rimbombantes títulos, no desmerecerían como tertulianos de la COPE. Una de las claves del libro es una enigmática nota que aparece en la introducción: “Enrique Moros considera necesario hacer constar que, por su parte, el presente trabajo se inscribe en un proyecto financiado por la Fundación Templeton.” (¡Esto lo explica todo! y además da la sensación de que los otros dos habrían preferido silenciarlo).

Algunos lectores se preguntarán que demonios (nunca mejor dicho) es la Fundación Templeton, pero tendrán que esperar al mes que viene, cuando de la mano del escritor científico John Horgan -entre otros- autor de excelentes libros de divulgación,  antiguo colaborador de Scientific American y declarado psiconauta, os hablaremos de esta curiosa fundación creada por el, recientemente fallecido en las Bahamas, multibillonario norteamericano John Templeton, que pretendía aproximar la ciencia y la religión, al que se le veía el plumero desde lejos, y que consiguió que prestigiosos científicos aceptaran sus premios (¡no te fastidia de un millón y medio de dólares!). También hablaremos de porqué muchos miembros de la Sociedad de Neurociencia se negaron a que el Dalai Lama diera una charla en su sede y seguiremos comentando otros aspectos de la trifulca entre ciencia y religión, y demostraremos que si Dios no existiera… ¡habría que inventarlo!

Anuncios

Acerca de Revista Ulises

Revista de viajes interores. Aproximaciones a la expansión de la conciencia.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Neuroteología: Neuronas divinas o estafa cósmica

  1. Pingback: ¿Puede la Psilocibina generar experiencias místicas? - Pogue Mahone : Pogue Mahone

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s