El té lisérgico de las cinco (II) La política del éxtasis

Otra nueva crónica desde Isla Tortuga, por Fernando Pardo. Publicada en la Revista Cáñamo número 132. Como siempre, agradecemos a la redacción de Cáñamo el poder publicar estas crónicas en nuestro blog. 

Como dijimos el mes pasado vamos a profundizar en algunos aspectos que consideramos brevemente en nuestro anterior artículo. En la última entrega hablamos, un poco de pasada, del psiquiatra Ronald D. Laing y de su relación con la LSD. Ronald David Laing (1927-1989) fue uno de los impulsores del movimiento antipsiquiátrico que adoptó diversas formas en distintos países según diferentes psicólogos, psiquiatras y filósofos (por ejemplo, Guattari y Foucault en Francia, Basaglia en Italia, etc.), que tenía una visión de la esquizofrenia muy distinta a como estaba etiquetada socialmente, intentando rescatar la locura del discurso psiquiátrico habitual y considerándola una forma de autosanación, así como señalando los paralelismos de algunos tipos de psicosis con la experiencia psiquedélica.

En una ocasión el diario El País publicó un artículo, firmado por uno de esos típicos psiquiatras lacayos de las compañías farmacéuticas, arremetiendo contra la antipsiquiatría en el que se afirmaba que Ronald D. Laing había muerto prácticamente como un homeless totalmente alcoholizado. Pocos días después un lector recordaba en una carta dirigida al mismo diario que Laing había muerto de un infarto jugando al tenis en un selecto club de Saint Tropez. El que sí moriría, recientemente, en extrañas circunstancias, en Formentera, fue uno de sus hijos, Adam Laing. A otro de los hijos de Ronald D. Laing, Adrian Laing, debemos una excelente y objetiva biografía de su padre.

Muchos consideran que el encuentro de Laing con el LSD (en 1960) fue el que le llevó a radicalizar sus teorías antipsiquiátricas. Laing fue de los primeros psiquiatras que utilizó LSD tanto en exploraciones de carácter personal como con sus pacientes. En una ocasión en que su casa fue registrada por la policía se encontraron 90 dosis de LSD de los laboratorios Sandoz, que pudo justificar por su profesión. Su libro La política de la experiencia está muy marcado por su relación con el LSD.

En otro artículo profundizaremos más en la antipsiquiatría y haremos  un análisis crítico de los cárteles farmacéuticos. Lo que nos interesa ahora es la relación de Laing con el LSD y la contracultura. La postura que tenía Laing con respecto al LSD era algo distinta a la de Timothy Leary. Laing consideraba que la sustancia no debía estar a disposición de todo el mundo, posición más aristocrática y cercana a otros británicos, como Aldous Huxley. Un episodio confuso, reflejado en la autobiografía inédita de Laing, es la descripción de una misteriosa visita de un gurú de la contracultura americana que le propuso hacer en Inglaterra lo que iban a  hacer en EE UU, repartir 300.000 dosis de 300 megas en el Área de la Bahía de San Francisco para promover un movimiento contracultural de corte radical con la pretensión de cambiar la consciencia americana. Según esta versión Laing se negó, aunque se le nota adulado porque consideraran Inglaterra “su territorio”. En realidad, Leary y Laing estaban básicamente enfrentados a causa de sus monumentales egos, necesitados de una liposucción. Aunque Laing siempre había defendido los usos terapéuticos y hasta recreativos del LSD, curiosamente, intentó informar de este encuentro al Departamento de Estado y más tarde al superintendente Jeffries y a su colega el sargento Big de Scotland Yard. Posteriormente, tras la famosa Operación Julie, que comentaremos más adelante, Laing recibiría la visita del inspector jefe Dick Lee. Éste explicó a Laing que al principio de las investigaciones de la Operación Julie, Laing había estado bajo sospecha por su amistad con el activista y filósofo psiquedélico David Solomon. En una extraña reunión, en la que circuló mucho whisky, Laing logró convencer a Lee de su posición sobre el LSD. No sabemos cuáles fueron los argumentos de Laing, pero al día siguiente el inspector jefe Dick Lee presentaba su dimisión al cuerpo de Policía.

Como recordábamos el mes pasado la Operación Julie fue un duro golpe a la contracultura y la psiquedelia inglesa. Según confesaron Richard Kemp y Andy Munro, los químicos que sintetizaron el LSD confiscado en dicha operación, parte de los beneficios los repartían entre los organizadores de los festivales de música libres y hacían coincidir la producción con la época de dichos festivales. Se cree que Richard Kemp hizo aproximadamente un millón de dosis del legendario micropunto azul que fue distribuido por todo el mundo por un grupo de idealistas psiquedélicos. Tras la Operación Julie llegó a comentarse que se había interrogado a un amigo de la princesa Margarita, quien había comprado 30.000 dosis, al parecer por encargo de la hermana de la Reina de Inglaterra. Más de 800 policías intervinieron en la operación deteniéndose a 122 personas, de las cuales 31 fueron juzgadas entre el 12 de enero y el 8 de marzo de 1978. En el juicio Richard Kemp confirmó haber proporcionado largas sumas de dinero a diversas causas relacionadas con la contracultura, como al grupo de Release, el centro de información contracultural que ayudó a abortar, por ejemplo, a muchas españolas en aquella época. Una anécdota curiosa del proceso fue que a pesar de las advertencias de Andy Munro de que fueran con cuidado al manipular la alfombra del laboratorio, uno de los oficiales, Nigel Fielding, se intoxicó y curiosamente afirmó “haber tenido una profunda experiencia que le había hecho descubrir que la vida era algo más maravilloso y profundo de lo que nunca hubiera podido imaginar”.

Mientras todo esto sucedía, al otro lado del Atlántico, la Fraternidad del Amor Eterno había llevado a cabo la operación  que Laing afirmó haber vetado en Inglaterra. El auge de la contracultura y la cada vez mayor oposición a la guerra de Vietnam llevaron a Nixon a declarar a Timothy Leary enemigo público nº 1 de Estados Unidos y a meterlo en prisión.

Por aquella época Leary, instalado en California, actuaba de gurú de la Fraternidad del Amor Eterno. Sus miembros decidieron pagar a los Weatherman, posteriormente Weather Underground, con el dinero que movían gracias al LSD,  con el fin de que liberaran a Leary, algo que hicieron con gran profesionalidad, consiguiendo llevarle hasta Argelia donde recibió asilo político de los Panteras Negras que tenían una embajada (¡qué tiempos aquéllos, en que los Panteras Negras tenían embajada en un país africano!).

Los Weatherman fueron un grupo radical que decidió llevar la guerra de Vietnam al corazón de América, poniendo bombas en el Capitolio y en el Pentágono, entre otros lugares. Recientemente se ha publicado una recopilación de sus manifiestos Sing a Battle Song: The Revolutionary Poetry, Statements, and Communiqués of the Weather Underground, 1970-1974, en los que se muestra que no eran un grupo político al uso. La mayoría de sus miembros tomaban LSD (hasta se afirma que para entrar en el grupo había que hacer una sesión) y se alejaban bastante del marxismo pedestre de otros grupos de la época para adoptar unas premisas más acordes con un anarquismo de corte psiquedélico.

Curiosamente en la reciente campaña presidencial americana los republicanos han acusado a Obama de tener contactos con el terrorista Bill Ayers, uno de los fundadores de los Weather Underground, junto a la que hoy es su compañera Bernardine Dohrn, y que tuvo una importante participación en la liberación de Timothy Leary. En la actualidad Bill Ayers, autor de unas trepidantes memorias, Fugitive Days, y Bernardine Dohrn son profesores universitarios que conservan los ideales de su juventud y realizan una tarea revolucionaria desde el interior del sistema en el campo de la educación juvenil, tienen dos hijos y la custodia legal de Chelsa Boudin, hija de David Gilbert, un miembro de los Weather Underground que todavía está en la cárcel. Obama coincidió con Ayers en un grupo dedicado a ayudar a los pobres de Chicago y a otras actividades relacionadas con la educación de los desfavorecidos.

En un momento en queEn la actualidad en la el sistema económico capitalista está en entredicho se vuelve a plantear la pregunta de si preferimos una política del éxtasis, que tiene como trasfondo a los enteógenos,  o a la actual política influenciada por la cocaína y drogas legales como el ritalin y el prozac, que considero están tras el fiasco al que ha llegado la economía mundial. Se han lanzado muchas teorías sobre las causas de la actual situación económica, pero no he visto a nadie que tenga el valor de recordarnos lo que recientemente nos decía un psiquiatra inglés que vive en Estados Unidos, Peter C. Whybrow, en su excelente obra American mania: when more is not enough. Para Whybrow la sociedad americana es maniaca; su pool genético de gente emprendedora que huyó de la intolerancia fundamentalista religiosa de la Europa de siglos pasados ha desembocado en una sociedad que ha duplicado su manía con el uso de drogas legales e ilegales como la cocaína, el prozac y el ritalin (se ha tratado siempre de ocultar, por poner un ejemplo, que la mayoría de francotiradores causantes de tragedias en escuelas americanas y otros lugares son consumidores de prozac y ritalin).

Recordemos, para acabar, que actualmente está en prisión el último preso psiquedélico, Casey Hardison. Casey pertenece a la antigua estirpe de activistas químicos psiquedélicos como Richard Kemp y Andy Munro o como, por ejemplo, Nick Sand, al que conocimos, recién salido de la cárcel, con el amigo Gaspar, de CÁÑAMO, en el encuentro que se llevó a cabo en Basilea para celebrar los 100 años de Albert Hofmann. Casey Hardison fue arrestado en febrero del 2004. Se le confiscaron 146.000 secantes de LSD y diversas cantidades de DMT y 2CB. En el proceso se defendió al estilo de los químicos de la Operación Julie, afirmando que eran razones de corte ideológico las que le llevaron a sintetizar LSD: “Soy un ideólogo que ha querido experimentar con el hijo problemático de Albert Hofmann”. Los jueces que por supuesto representan al Sistema, y no son muy afines a la contracultura, no aceptaron su defensa y le condenaron a  veinte años.

La historia del LSD nos muestra que no existe únicamente una guerra contra la libertad personal del individuo que desea modificar su consciencia, sino que se trata también de una guerra sobre estilos de vida relacionados con drogas concretas (legales e ilegales) como el LSD. Es algo que se ha comprobado con la brutal represión de los travellers hippies y la escena rave. En una época en que los políticos afirman defender la tolerancia, la diversidad, la igualdad de oportunidades y son contrarios a la discriminación, amplios núcleos de la sociedad son discriminados por las drogas que eligen y la forma de vida a que este uso les conduce.

Pero la historia sigue y veremos lo que nos depara el futuro en relación a estas cuestiones que hemos tratado de comentar partiendo de la historia de la psiquedelia en Inglaterra, tomándola como base sobre la que reflexionar sobre estos interesantes asuntos que tienen mucho que ver con el estado en que se encuentran nuestras sociedades en la actualidad.

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Revista de viajes interores. Aproximaciones a la expansión de la conciencia.
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