Psicología Evolucionista: La ciencia del culebrón. F. Pardo

Cuarta entrega de Fernando Pardo para la revista Cáñamo nº 129.

En el año 1975 Edward E. Wilson en su libro Sociobiology: The New Synthesis acuñó el término sociobiología. En este voluminoso tomo dedicado en gran parte a las hormigas, pues no olvidemos que Wilson es un entomólogo, un científico especializado en insectos, en su parte final traslada la selección natural darwiniana a los sistemas sociales y a la conducta social de los animales, entre los que incluye al hombre.

El libro causó una gran polémica y colegas de Harvard de Wilson, como Stephen Jay Gould y Richard Lewotin, lo atacaron despiadadamente por su determinismo genético, comparando la obra al darwinismo social del siglo XIX y al movimiento eugenésico que tuvo su expresión más cruda en el nazismo. La polémica desatada por el libro de Wilson está muy bien reflejada en la obra de Ullica Segerstrale: Defenders of the Truth, the Battle for science in the sociobiology debate and beyond.

Los años setenta no eran los más adecuados para plantear una teoría que según sus oponentes daba munición a la derecha más cutre y racista. En Estados Unidos las críticas impidieron que pocos se atrevieran a navegar por estas aguas, sin embargo en Inglaterra algunos autores, como Richard Dawkins en su famoso El gen egoísta (1976), no tuvieron ningún reparo en llevar más lejos las teorías de Wilson, basándose en el neodarwinismo, o nueva síntesis, que tenía en cuenta, entre otros, los nuevos descubrimientos sobre genética, ausentes en la época de Darwin.

Posteriormente, cuando se calmaron algo las cosas, en Estados Unidos se creó una nueva ciencia, que algunos prefieren llamar disciplina, conocida como psicología evolucionista (en inglés se denomina evolutionary psychology, en castellano finalmente se ha adaptado el término de psicología evolucionista para no confundirlo con la psicología evolutiva, una rama de la psicología que se ocupa de otros menesteres). Se cree que el término lo acuñó Michael T. Ghiselin en un artículo publicado en la revista Science en el año 1973, pero el libro más influyente de la psicología evolucionista no se publicaría hasta 1992: The Adapted Mind: Evolutionary Psychology and the generation of Culture de Leda Cosmides y John Tooby.

De forma muy resumida la psicología evolucionista pretende explicar la mente de los humanos como producto de la selección natural. Según Leda Cosmides y John Tooby: “La mente es  un conjunto de máquinas procesadoras de información diseñadas por la selección natural para resolver los problemas adaptativos a los que se enfrentaron nuestros antepasados cazadores-recolectores”.

La psicología evolucionista no ha escapado a las críticas recibidas en su día por la sociobiología, pero sus practicantes, con cierta chulería, pues se nota que estamos en otra época, han respondido que no se puede criticar una teoría científica porque sus implicaciones sean inmorales, feas, contrarias a ciertos ideales u ofensivas para algunas almas timoratas. La psicología evolucionista representa un ataque frontal a lo que se conoce como la Ciencia Social Estándar, que considera que el entorno y las experiencias vitales determinan el comportamiento humano. Como dijo William D. Hamilton, –al que algunos consideran el mayor darwinista después de Darwin–, “la tabula de la naturaleza humana nunca ha sido rasa y la estamos empezando a leer”. En pocas palabras, según esta nueva disciplina la evolución no acaba en el gaznate sino que sigue para arriba. Según la psicología evolucionista, aunque vivimos en el siglo XXI, poseemos un cerebro de la Edad de Piedra (del mismo modo que tenemos un hígado y unas manos de la Edad de Piedra). Lo que explicaría desde el terrorismo a la violencia de género y por qué un tipo de setenta años más feo que Picio, pero forrado de pasta, va con una chica de veinte años. Nuestros ancestros homínidos se pasaron el 99,9 por ciento de su historia evolutiva como cazadores-recolectores y todo lo que hoy nos rodea, desde los anticonceptivos hasta los ordenadores, pasando por TVs, teléfonos móviles e iPods, acaba de aparecer, si lo consideramos en tiempo evolutivo, hace unos segundos. Esta es la causa de que nos den más miedo las serpientes que los coches, aunque lo más probable es que nos atropelle un coche y no que nos muerda una serpiente.

Pero la psicología evolucionista va más lejos y nos viene a decir que lo que consideramos comportamiento económico, político y religioso en realidad va de sexo y apareamiento. Estos psicólogos han desempolvado la selección sexual darwiniana, algo olvidada hasta la fecha, y la han llevado al primer plano. En este sentido recomiendo el libro The Mating Mind, de Geofrey Miller, que hace pasar toda la historia de la humanidad, incluyendo el arte y la ciencia más excelsos, por debajo del ombligo. En realidad, cuando leemos textos evolucionistas de psicología, de los más simplones a los más sofisticados, como por ejemplo uno que tengo ahora entre manos, Evolutionary Cognitive Neuroscience, publicado por el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), incluso en los artículos más técnicos, aderezados con formulas matemáticas y llenos de gráficos, tenemos una sensación de Dejà vù. Todo esto lo hemos leído en algún lado. No hace falta forzar mucho el modulo evolutivo de la memoria. Viene en el gran libro de sabiduría, el Refranero: “Tiran más dos tetas que dos carretas”.

La psicología evolucionista pretende abarcar desde el chafardeo hasta la opera, pasando por la moda, el deporte, la política y la ciencia hasta llegar a la economía y la religión. De hecho ha creado dos subdisciplinas para estas últimas: la neuroteología y la neuroeconomía, de las que nos ocuparemos en otra ocasión.

El enfoque de la psicología evolucionista, como hemos dicho, choca de frente con el modelo estándar de ciencia social. Según este último, por poner un ejemplo, los cánones de belleza se adquieren mediante la socialización en diferentes familias y culturas, pero según los estudios y encuestas de la psicología evolucionista todas las culturas están de acuerdo en lo que es bello y lo que no, y la causa es que se trata de algo innato. En lugar de estar en el ojo del que mira, la belleza es un indicador de salud genética, dicho con otras palabras, un certificado de salud. Uno de los axiomas de la psicología evolucionista es que en todas las culturas los hombres prefieren aparearse con mujeres más jóvenes y las mujeres con hombres mayores que ellas. Los hombres prefieren mujeres más jóvenes porque tienen un mayor poder reproductivo y más fertilidad que las mujeres mayores y las mujeres prefieren hombres mayores porque poseen, en nuestra sociedad, más recursos y un estatus más elevado que los jóvenes.

En realidad la mayoría de los textos de psicología evolucionista, tras muchos rodeos, vienen a decir que solo estamos aquí gracias a un polvo y para echar nosotros otro. Un autor ha llegado a decir: “La razón definitiva para que los hombres hagan todo lo que hacen, ya sean criminales, músicos, pintores, escritores o científicos, es impresionar a las mujeres y poder acostarse con ellas. Los hombres hacen todo lo que hacen para echar un polvo”.

Con bastante inteligencia los psicólogos de corte darwiniano desmontan temas polémicos como la pena de muerte, no por motivos morales sino porque desde una perspectiva evolutiva hay algo peor que la muerte, el fracaso reproductivo. Si alguien pelea con otro hombre puede morir (ser matado por otro u ejecutado), pero si no compite morirá definitivamente al no dejar copias de sus genes. Lo mismo valdría para la violación y el acoso sexual. En el caso del robo, las pocas mujeres que lo practican es por necesidad de alimentar a su prole, mientras los hombres lo hacen para ganar estatus. Entiéndase que los psicólogos evolucionistas no justifican la violación o el asesinato, pero nos dicen que mientras no consideremos las cosas de este modo difícilmente encontraremos soluciones y, por poner otro ejemplo, lo que para unos seguirán siendo terroristas para otros continuarán siendo luchadores por la libertad, algo que confirma lo que vemos a diario en los medios de comunicación.

Ante el panorama que nos pinta la psicología de corte darwiniano ¿qué hacer? Un autor que ha reflexionado a fondo sobre el asunto es el psicólogo Keith E. Stanovich, colaborador del psicólogo y premio Nobel de Economía Daniel Kahneman. Para él no vale la pena discutir las teorías de los psicólogos evolucionistas pues, nos guste o no, reflejan en gran medida la verdad científica, pero considera, utilizando el título de su magnífica obra The Robot’s Rebellion que “la rebelión de los robots se hace posible cuando los seres humanos empiezan a utilizar el conocimiento de su propio funcionamiento cerebral y el conocimiento de las metas de los distintos mecanismos cerebrales para estructurar un comportamiento que sirva a sus propios fines. A partir de ahí tenemos la oportunidad de poner en marcha un notable proyecto cultural que haga pasar los intereses humanos por encima de los intereses reproductivos cuando ambos no coincidan”. Si esta rebelión de los robots tiene éxito alcanzaremos una mayor autonomía personal persiguiendo nuestros intereses en lugar de sacrificarlos a costa de antiguos intereses de los replicadores (genes) egoístas. La clave para Stanovich es cierta clase de racionalidad. El comportamiento adaptativo evolutivo es un comportamiento que aumenta las probabilidades de reproducción genética, pero el comportamiento racional es el que satisface las metas del vehículo (la persona completa), no las de los genes, según las creencias que el vehículo tenga sobre el mundo. Por poner un ejemplo: prolongar la vida en las sociedades modernas no tiene importancia alguna para la meta última de los genes, pues, para ellos, no tiene ningún sentido vivir más allá de los años reproductivos. Pero para los vehículos, nosotros como personas, si tiene interés.

Algunos psicólogos evolucionistas nos dicen que la crisis que sufre el hombre en la mediana edad es fruto de que su mujer entra en la menopausia y el fin de su carrera reproductiva, siendo esta la causa de que él hombre salga a la caza de piezas más jóvenes. Cuando se produjo el caso Clinton-Lewinsky, muchos se sorprendieron de la torpeza del presidente, pero según los psicólogos evolucionistas la lectura es la contraria: Se hacen esfuerzos para llegar a presidente de una nación para poder acostarse con el mayor número de mujeres jóvenes posible. No nos hace falta una ciencia para entender por qué Nicolas Sarkozy se beneficia a Carla Bruni. Tal vez no hagamos un uso óptimo de nuestro patrimonio genético y cognitivo… ¡pero tampoco somos gilipollas!

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Acerca de Revista Ulises

Revista de viajes interores. Aproximaciones a la expansión de la conciencia.
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5 respuestas a Psicología Evolucionista: La ciencia del culebrón. F. Pardo

  1. José Luis dijo:

    Un tema apasionante aunque contradictorio en algunos momentos. No se puede catalogar a los
    seres humanos en un único y constante comportamiento. Lejos de aportar algo útil a la controversia, lo único que puedo ver es como se proyectan algunos científicos y divulgadores.
    El hombre no puede darse a sí mismo la razón de su existencia.
    En cualquier caso mi opinión al respecto es lo de menos. Lo importante de verdad son los
    temas que escogéis para la revista, son aspectos muy interesantes y a tener en cuenta en
    esta realidad que nos toca vivir.
    Espero seguir disfrutando vuestros artículos muchos años más.
    Cordialmente,
    José Luis

  2. Hernán dijo:

    ¿Que es lo primordial lo innato o lo aprendido?
    Todo parece indicar que estamos controlados por los mismos comportamientos que deciden lo que hacen el resto de los mamíferos. Dichos comportamientos innatos se activan en dependencia de las circunstancias de la realidad objetiva a la que nos enfrentamos con el objetivo de que cumplamos con un grupo de tareas sin las cuales no existiría la vida.
    Aquí esta el meollo de la cuestión.
    Nuestros comportamientos innatos no perciben la realidad objetiva. Sino que actúan según la versión de la realidad objetiva que construye nuestro cerebro. Esto es lo que nos permite manipularlos en función de hacer lo más conveniente para nosotros.
    Desarrollemos un ejemplo simple que nos permita verlo.
    Si usted (piensa) le dice a su amígdala : -ese tío sin vergüenza y sin escrúpulos nos ha robado la cartera. Lo más seguro es que el programa enfado ataque se disparará y le obligará a ir hecho una furia detrás del ladrón.
    Si ud. en cambio le dice a su amígdala : – ese infeliz necesita el dinero porque tiene cuatro hijos y no tiene para darles de comer. Lo más probable es que su amígdala le haga sentir pena por no haber sido usted quien diese el dinero al necesitado.

    Así que todo depende de la capacidad cognitiva del individuo.

  3. juan francisco dijo:

    Creo que, aunque has revisado libros, no has entendido la psicología evolucionista. Contrario a lo que dices, que trata sobre que todo es “apareamiento”, la psicología evolucionista, por el contrario, trata es sobre la comunicación y la vida social como actividades que han moldeado la mente de todas las especies, y que integran la historia de todos los seres vivos. Espero que puedan entender realmente lo que es esta gran integración de las ciencias.

  4. Andrés dijo:

    Sé que este es un post antiguo. En la entrada se afirma que todas las culturas comparten ideas similares sobre lo que es bello. Hasta el momento, no hay nada concluyente respecto a esta afirmación, de hecho, hay estudios que rechazan la hipótesis:
    http://www.abc.es/ciencia/20151002/abci-percepcion-belleza-ojos-201510012051.html
    http://www.lavanguardia.com/ciencia/cuerpo-humano/20151001/54437792825/belleza-experiencias-personales-unicas.html

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