La historia del Tarzán de la Garrotxa. Marta Torres

Creo que Josep Pujiula se ha colado en este mundo por el agujero de la luna….

Cuando conocí por vez primera sus construcciones, pensé que no podían ser obra del trabajo de un solo hombre… quizás sus artífices fueran unos gnomos del bosque los que, cautivados por la robustez de la acacia, montaron aquel poblado, para encontrarse y tener un lugar donde divertirse…

Más tarde me enteré que no habían sido los gnomos, si no un hombre más bien pequeñito, de pelo canoso y mirada de duende, eso sí, quien había edificado aquel paraíso…

La primera vez que llegué a Argelaguer fue porque me perdí. Andaba pendoneando unos días con un amigo, con su coche y sin rumbo fijo. Nos quedamos sin dinero y sin gasolina, así que les preguntamos a una amable pareja de payeses si nos prestaban un trocito de su tierra para acampar, y así lo hicimos. Por las mañanas, nos daban los buenos días con verduras de su huerto y huevos frescos, nosotros a cambio les ayudábamos con las faenas de casa…

Una noche fuimos a tomar unas copas a un bareto del pueblo más cercano,Tortellà, y allí, sin conocernos de nada, nos hicieron sentir como los reyes del mambo. Unos chicos nos hablaron de las Cabañas de Argelaguer. Nos contaron como un señor del pueblo había creado un parque natural muy peculiar, como una especie de Sagrada Família, comentaban. Mi amigo consiguió unas cuantas perrillas tocando algunas noches en ese local, así que tuvimos la manera de ir a visitarlas.

Allí encontramos a Josep Pujiula y él mismo nos explicó como en aquel terreno, empezó a dar rienda suelta a su imaginación: de joven se inventó una moto anfibia, una especie de barca con esqueleto de motocicleta, con unas ruedas que conseguían correr sobre el agua, después siguió imaginando… Imaginó un poblado de casas de madera, que fueran unidas por puentes colgantes y pasadizos que se transformarían en un inmenso laberinto, con salidas trampa, con muñecos colgantes que asustaran y/o encantaran a los visitantes más osados, con espacios intermedios que convertieran al lugar en un lugar de delirio… y así lo hizo.

Más de 20 años pasó entreteniéndose Josep en éste lugar, viendo pasar niños, ancianos, arquitectos, artistas, vándalos y variopintos, y para todos resultó ser especial. Ya no sólo por su espectacular esqueleto y forma sino por la magia que emanaban todas aquellas construcciones… Primero te adentrabas en ellas con misterio y un poco de prudencia, y al cabo del rato ya estabas trepando a una de sus torres más altas sentándote en la cumbre para admirar el panorama. Si retrocedías porque la estructura se balanceaba un poco…. te lo perdías!.

El relucir de las caras que muy de vez en cuando te cruzabas en el camino era de alegría, de chispilla en los ojos, como esa que tienen los niños. Y es que el mágico poder de ese lugar residía seguramente en eso, en que conseguía sacar de ti la parte más honda de la cebolla…

Sería absolutamente recomendable la experiencia, sino fuera porque el gobierno, decidió poner un punto y final a todo eso, y aprobaron, que justo por ahí, debía pasar una nueva carretera. En cuanto nos enteramos, un grupo de amigos y yo nos pusimos enseguida en acción y organizamos algunas movidas para intentar frenar el desmantelamiento del lugar. Le dieron tres meses al señor Pujiula, para deshacer (como si de un lego se tratara) todas las piezas de aquella obra suya… Nos hicieron alguna entrevista en televisión de Olot (la televisión local) y en algún periódico comarcal. Tuvimos que crear una asociación porque sin nombre no eramos nadie y nos bautizamos como: Associació Amics de les Cabanes. Con ella pudimos ir a hablar con el alcalde, el regidor de urbanismo, el ministerio de las carreteras y todo el que se nos puso por delante. Casi todos fueron amables, pero ni uno sólo nos escuchó.

El tiempo no jugaba demasiado a nuestro favor así que pensamos en presentar las “Cabanes d’Argelaguer” al récord Guinness de Inglaterra alegando que aquellas eran las cabañas del árbol más grandes del mundo. Mientras esperábamos la respuesta creamos una página web donde explicaba esta historia y recibimos mensajes de toda clase: de prestigiosos museos solidarizados, de arquitectos resignados, de niños desilusionados, de jóvenes esperanzados, de maduros dispuestos a ayudar a reconstruir unas nuevas cabañas… Llegaban mensajes de todo el mundo, de apoyo e indignación. A Pujiula le quedaban 15 días de plazo, y él ya había empezado a echar abajo las primeras construcciones. La suerte nos deparó un desinteresado abogado, que nos redactó un montón de hojas donde venían a decir que aquel desalojo no era legal, y podía frenarse el proceso. Mientras esperábamos que el abogado redactara algunas páginas más, recibimos la respuesta del récord Guinness: No nos aceptaban la propuesta: las cabañas quizás sí, eran las más grandes del mundo, pero no se podía considerar cabaña del árbol” porque tocaban el suelo…. Puffffff… puffo! Así que Guinness descartado… El abogado nos dijo que el único que podía firmar esa alegación era el mismo Pujiula, y fin de la historia, porque Pujiula no quiso.

Trocito a trocito el señor de pelo canoso fue recogiendo cada una de las maderas, de los clavos, de los hierritos que los unían para poner punto y final al cuento… y en tres meses, de aquello no quedó ni rastro. (De todo aquel  cementerio vivo, donde ahora los troncos muertos parecían más muertos que nunca, solo me llevé uno, de recuerdo, y es el que tengo colgado hace ya 7 años en el muro de mi comedor. En el está escrito “Poblat Salvatge”, poblado salvaje.)

Hace un par de años me dieron una noticia que más parecía un rumor… Josep Pujiula había empezado a crear una torre, que utilizaba como mirador para contemplar la nueva carretera. Al no vivir cerca de Olot y no disponer de coche no pude acercarme a investigar más de lo que hubiera querido, pero otra vez la suerte, que me lleva hacia tierras garrotxines, y observo una torre levantada al lado de la nueva carretera. Una torre de Madera, de las de antes, así que le pido a un amigo que me lleve hasta allí.  Y sí, allí estaba… otra vez las torres, otra vez los puentes, las cabañas… y el inmenso laberinto (del que debo admitir que tardé unas dos horas en salir…). A Josep lo encontré subido en su atrotinado 4L, en busca de clavos y otros materiales para seguir trabajando. Le pregunté si estaba teniendo ayuda y me dijo que no; él sólo habia vuelto a levantar lo impermanente, aún más fuerte, aún más bonito… Sus 75 años no le han impedido seguir siendo un niño, y seguir soñando, para volver esos sueños a una nueva realidad.

Ala pués, si vais a la Garrotxa, ya lo sabeis, y si veis a un abuelo subido a un árbol, saludarlo, con todos mis respetos.

Si queréis un link de las antiguas cabañas: http://www.archilibre.org/ESP/inspiration/josep_es.html

Y uno de las nuevas: http://www.facebook.com/notes/marta-tramuntana/el-retorn-del-poblat-salvatge/1779422599303

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Revista de viajes interores. Aproximaciones a la expansión de la conciencia.
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