El futuro del zen en Occidente. Fernando pardo

Publicado en Ulises 6 (http://www.liebremarzo.com/catalogo/ulises-6)

De forma paulatina el zen va instalándose en Occidente. Lo que sigue a continuación no trata tanto de ser una aproximación de corte histórico como una reflexión sobre lo que el zen puede aportar al mundo occidental… Considero que estamos en un momento importante en el que el zen va enraizándose en nuestra cultura, pero que a su vez constituye el periodo en que el zen genuino puede truncarse al ser asimilado por patrones culturales occidentales que pueden empañar su potencia como vía de liberación sin par.

De entrada debemos decir que es difícil hablar de zen porque en realidad de zen NO SE PUEDE HABLAR. Una vez dicho esto (un koan de estar por casa),  trataremos más bien de referirnos a lo que podríamos considerar la periferia del zen. Nuestra aproximación se acercará más a aquello que no es el zen -pero pasa por éste- que al propio zen, como hemos dicho incomunicable. En cierto sentido con el zen ocurre algo parecido a lo que dijera el gran físico Richrad Feynman de la mecánica cuántica: “quien afirma que entiende la física cuántica… miente.”

Como reza el dicho zen : “oficialmente no se puede pasar ni una aguja, pero bajo mano pasan carros y carretas.” Lo que quiere decir que el zen original ha producido gran número de textos y técnicas (pese a que los Maestros auténticos se lamenten de estar haciendo el ridículo ante los antepasados cuando las establecen).

Si queremos tener un poco del sabor del zen genuino debemos acudir a textos como Las enseñanzas zen de Lin-chi o, por poner un ejemplo de una publicación reciente en lengua occidental, a los Secrets of The Blue Cliff Record, donde se nos acerca al auténtico vértigo del zen.

Nos gustaría practicar una versión del zen que no alterara nuestras creencias más enraizadas, pero el verdadero zen se distingue por tirar de la alfombra bajo nuestros pies. Cuando el zen nos dice, por ejemplo, que no hay vida ni muerte, no debemos creer que se está expresando metafóricamente.

Por lo tanto considero que una de las causas que puede dar al traste con la transmisión del zen en Occidente es intentar aligerarlo; hacerlo política y filosóficamente correcto.

Uno de los problemas con los que se encuentra el zen en nuestra cultura es lo que podríamos denominar “la mentalidad de consumidor.” Pretendemos que el zen nos proporcione un servicio, queremos que el zen nos ayude a conseguir algo: el crecimiento personal, el nirvana, la iluminación, el cese del sufrimiento. Queremos logros de un “genero” que precisamente nos dice que no hay nada que alcanzar. Hoy mucha gente en Occidente adopta el zen como la filosofía más sofisticada que puede obtener, la guinda del pastel que les hará estar por encima de los demás, no dándose cuenta de que están introduciendo un peligroso “virus” capaz de borra todo el “disco duro” del yo-mi-mio, de sus ilusiones, estatus, reputación, reconocimiento, triunfo personal o social…

Al tratarse de “algo” tan difícilmente comunicable, Occidente, con su temor al abismo del vacío, está tratando de dar un marco al zen: intenta proporcionar un cuerpo a la sonrisa flotante (“sin cola ni cabeza”) del gato de Cheshire…, más parecido al gato de Schrödinger de la física cuántica, ¿vivo? ¿muerto? (“No lo diré, no lo diré”.) o al gato que mató (¿o no mató?) el maestro zen Nansen.

El primer espacio con el que se intenta atrapar el zen es el de la psicología. Hasta hace poco la psicología era una disciplina dedicada a lo patológico, pero poco a poco los psicólogos llamados humanistas fueron estableciendo una psicología centrada en lo “positivo” y actualmente la psicología más académica y tradicional está propugnando también que (acompañando a la psicología del sufrimiento) debe existir una psicología del optimismo. Y como frontera entre la sabiduría oriental y la psicología occidental ha nacido una psicología transpersonal, que coquetea con el budismo en general y el zen en particular.

Me temo que aunque de ello puedan salir cosas interesantes en otros planos, la carga psicológica puede lastrar el zen, cuando no arruinarlo totalmente. Que el terreno en el que se establece el negocio de la psicología: la identidad, el ego, la personalidad etc, sea considerado una ilusión por el zen (“confundir al ladrón con tu propio hijo”) es algo peliagudo. Es además un poco inquietante que toda una multinacional del saber esté basada, según el zen, en algo tan inexistente como “los cuernos de la liebre o el pelo de la tortuga”. Pero, como sabemos, el mercado lo contamina todo y para “cobrar” un servicio hay que hacer ver que se está haciendo algo y proporcionando un producto que satisfaga al consumidor, aunque a este proyecto el zen lo considere “sacar un grano donde no lo hay”.

Por no hablar del calzado deportivo zen, la moda zen en las pasarelas, la decoración zen,  “El zen y el arte de liberarse del estreñimiento”, el marketing zen o el zen con patines.

Últimamente también se está intentando aproximar al zen algo tan propio de nuestra cultura como la ciencia. Hasta hace poco los científicos metían al zen en el saco de lo místico, para ellos sinónimo de lo irracional, la superchería, el absurdo o el sinsentido, pero actualmente los neurocientificos están tratando de dar una base científica a la religión en general y al zen en particular; al que consideran erróneamente como una religión. (De ello hablaremos con más detalle en otro lugar de este mismo número). Consideran que con los nuevos avances de su disciplina y los novedosos instrumentos que permiten atisbar el cerebro en movimiento, llegará un momento en que descubrirán los correlatos cerebrales de la iluminación, por lo que con el tiempo, una vez sepamos en detalle las configuraciones sinápticas que producen dicho estado, podrán reproducirse en cualquier mortal sin que éste tenga que hacer esfuerzo alguno. En vistas a esto se piensa echar mano de la nueva farmacología: todo será tan fácil como utilizar el fármaco adecuado que produzca la danza idónea de neurotransmisores. De la misma forma que se cree que en el campo de la psicopatología ciertas drogas permitirán eliminar las enfermedades mentales graves, o los trastornos psicológicos más difusos, estableciendo la adecuada receta de sopa química, la psicología del optimismo producirá fármacos que nos conducirán al nirvana. Algo que muchas personas llevan mucho tiempo practicando por libre… seguidos de cerca por la policía. Pronto habrá poca diferencia entre la Bayer y el Cartel de Medellín.

En el ámbito más concreto de los centros zen, las salas dharma u otros lugares en los que se intenta practicar la disciplina del zen siguiendo unas normas “clásicas” nos encontramos con la pugna entre “tradicionalistas” y “revolucionarios”. Los unos pretenden mantener unas liturgias o formas, normalmente japonesas, con el fin de mantener “puro” al zen, mientras que los otros consideran que la disciplina tradicional es un impedimento para que el zen se asiente en nuestra cultura. Se pretende que el zen sea “democrático”, que no haya jerarquías, que se valore el papel de la mujer etc. En esta batalla, si ganan los “tradicionalistas” es muy posible que, en el aspecto negativo, se queden bastante solos, pero en el positivo mantengan el sistema de transmisión de Maestro a discípulo, que tanto ha hecho para que el zen siga vivo, así como otra serie de prácticas de comprobada eficacia a la hora de desenredar los patrones de comportamiento condicionados por la educación y la cultura: el único modo de descubrir que no somos lo que creemos ser. Si la balanza se inclina hacia los “revolucionarios”, nos sacaremos de encima algunas peculiaridades culturales (de la cultura oriental) que se han incrustado en el casco del zen, frenando su marcha, y tal vez descubramos métodos eficaces para ir… ¡a ninguna parte!

Considero que es difícil compaginar ambas posturas y tampoco creo que tenga valor alguno una posición intermedia (me recuerda mucho al debate entre naturaleza y crianza, genes y medio ambiente).

Dicho todo esto, creo que quien pretenda aproximarse hoy en día al zen, en nuestra cultura, haría bien en acercarse a algún linaje y que, aunque no siempre sea fácil, compare -como por otro lado se hacía en la antigüedad- diversas escuelas y Maestros. Pues contra lo que pueda parecer hay mucho donde elegir y hoy en día contamos con una representación bastante interesante de diversas escuelas de zen.

Aunque como digo hay distintas escuelas y Maestros, me referiré a unas pocas que considero fiables; siendo consciente de que ninguna de ellas está exenta de sombras. Se que dejaré de lado algunas que pueden tener el mismo interés, pero se trata de mencionar aquellas de las que tengo un mejor conocimiento.

Creo que uno de los momentos álgidos de transmisión del zen en Occidente fueron las décadas de los años sesenta y setenta. De esa época son los linajes occidentales, creados por Maestros orientales, a los que me referiré brevemente. Considero dignos de confianza a una pequeña muestra de Maestros: Sunryu Suzuki, Maezumi Roshi, Katagiri Roshi y el Maestro zen Seung Sahn. Los tres primeros, representantes del zen japonés, básicamente Soto en el caso de Suzuki y Katagiri, pero Rinzai y Soto en el de Maezumi; en cuanto al Maestro zen Seung Sahn  es un singular representante del zen coreano que combina en cierto modo aspectos de las escuelas Soto y Rinzai. Dichos Maestros han llevado a cabo una gran labor y podríamos decir que el grueso de practicantes occidentales de zen (principalmente en Estados Unidos) son hijos de estos linajes. Otra cosa interesante es que estos Maestros han dado transmisión a algunos de sus discípulos creando las primeras generaciones de Maestros zen en Occidente. Como he dicho ninguno de estos linajes se ha librado de los típicos problemas relacionados con las jerarquías, los asuntos económicos turbios, las luchas de poder, los escándalos sexuales etc. que son consustanciales a las actividades del Homo Sapiens. Pese a todo ello, creo que se puede salvar mucho y, entre algunas brumas, se ha transmitido una enseñanza muy potente. No es lugar aquí para extenderme en las enseñanzas de estos Maestros, algo que además ha de vivirse en el contexto de una práctica concreta (retiros, entrevistas koan etc), pero el interesado puede acudir a algunos libros de la bibliografía que dan una cierta idea de su maestría. Los cito básicamente porque los considero la mejor referencia para quien quiera iniciarse y profundizar en el zen.

Reseñemos solamente que los Maestros citados han sido figuras importantes para la transmisión del zen en Occidente y en la medida de lo posible han sido garantes del zen genuino. Consideró que, en diferente medida, han dado vida al auténtico zen y que sus enseñanzas en muchos momentos conservan el sabor de lo real, por lo que pueden servir de guía bastante fidedigna en los procelosos mares del zen. Se trata de Maestros que han hecho pocas concesiones y han mantenido bastante su integridad, algo que esperemos también hagan sus discípulos.

En el caso de Europa también se han establecido la mayoría de los linajes citados, ya sea directamente a cargo de los mismos Maestros o por medio de sus discípulos; aunque también es verdad que los seguidores del zen más numerosos pertenecen en este caso al linaje del Maestro zen Deshimaru o a la curiosa, pero interesante, línea del “zen cristiano”. Cualquiera de estas escuelas constituye un buen espacio en el que iniciarse en la práctica del zen.

Mantengo la esperanza de que estos linajes permitan asentar el zen en nuestra cultura. Aunque otro peligro que otea en el horizonte es el de que alguna de estas escuelas vayan medrando cada vez más en el sentido material (algo que está ocurriendo con el budismo tibetano), con lo que asistamos a una suerte de leyenda de Buda invertida. Buda abandonó su Palacio y los bienes materiales considerándolos un obstáculo a la realización y algunas escuelas actuales han salido de la “nada” para crear palacios y no hacer ascos al “veneno” del dinero.

Así está el panorama. Aquellos que se interesen por el zen: que Dios los coja confesados o…¡Buda sentados!

 

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3 respuestas a El futuro del zen en Occidente. Fernando pardo

  1. Pingback: Un dardo envenenado en el corazón de la moda pseudozen | Jaraba internet

  2. NIMA dijo:

    Bueno, un día vendrá un interiorista zen que practica la psicología transpersonal y a ratitos el eneagrama y corregirá al maestro zen. Pero no pasa nada. Simplemente puntualizando, los discípulos de Deshimaru ¿No han recibido la transmisión de Narita y otros y no del mismo Deshimaru? Pero de verdad, que no pasa nada. El maestro coreano ¿No era el mismo que durante una época iba mano a mano con la doctora Choi? Si es así acabaron ,parece, mal. Yo en mi ignorancia ya veía aquella combinación entre zen y chamanismo como un tanto rara. Pero no pasa nada. Un buen día – ojalá ya haya sucedido- un señor o señora de Burriana o Sabadell realizará absoluta y completamente “eso”y no pasará nada, ni importarán las polémicas.¿ No fue Kodo Sawaki quien dijo que su misión en la vida era fracasar? Lo mismo digo para los hermanos del budismo tibetano,que no hay que ser sectarios y los del Vedanta.Que no pasa nada.

    • dijo:

      >Un buen día – ojalá ya haya sucedido- un señor o señora de Burriana o Sabadell realizará absoluta y completamente “eso”y no pasará nada, ni importarán las polémicas.

      Je, je, Eso es.

      Al respecto puse esto en forobudismo:

      Veo mucha preocupación últimamente por el estado de “el zen” y muy poca por el estado de “la liberación” de los seres sintientes.

      Como siempre la persona se apega a sociedades, ídolos, jerarquías, espíritu gregario y conceptos, y olvida el fondo…

      “El zen es una mierda pinchada en un palo, matad ya al zen en vuestras mentes de una puta vez, ¿no veis como os mantiene agonizando?” (cito al gran Lin-Ji o si no lo cito, pues casi).

      Más les valdría a todos esos zenistas olvidarse de “el zen”, sus jerarquías, sus dogmas, sus ídolos y sus problemáticas y empezar a estudiar a los grandes maestros sin etiquetas de “el zen” o “el no zen” para ver donde se perdió realmente la transmisión y porqué incluso los que en teoría tienen el título de maestros y transmisión del Dharma hoy día parecen no tener, no solo ni idea de lo que hablan los maestros, sino sabiduría experimental alguna…

      No te queda otra amigo, si buscas realmente La verdad, vas a tenerla que investigar por ti mismo, pues la transmisión oficial se ha perdido (hace décadas y no solo en occidente, a occidente probablemente ni llegó), y los que aciertan con La Vía, están todos ocultos a tu vista, progresando pacíficamente en sus casas, sin presunción de maestría y sin título alguno que te vaya a dar confianza para escucharlos con devoción… así que cuanto antes empieces por ti mismo, mejor.

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